Vayamos al Bar

Yo opino 10 de noviembre de 2018 Por
"Es la justicia", dijo el pintor. —"Ahora la reconozco", dijo K–. "Allí está la venda y aquí la balanza. Pero tiene alas en los talones y está en movimiento…"—"Sí" –dijo el pintor–, ...
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... "La pinto así por encargo: representa al mismo tiempo a la justicia y a la diosa de la victoria" —"No es una buena combinación" –dijo K, sonriendo–. "La justicia debería estar quieta; sino, oscilaría la balanza y no sería posible una sentencia justa"—"Debo adaptarme a los gustos de mi cliente", dijo el pintor", Franz Kafka (1883-1924); de "El proceso" (publicada por Max Brod, en 1925)

Pufff…que final, tremendo lío en el cierre, justo cuando el partido se moría y parecía que Atlético se quedaba con las manos vacías, merecidamente, después de jugar un mal partido más por errores propios que por virtudes del rival. Justo en el instante en que Central Córdoba hacía la caja y contaba tres puntos, vino la jugada que enloqueció a todos. Gol de la Crema después de tres rebotes, el asistente que levantó el banderín sin demasiada convicción, los jugadores del local que reaccionan con rapidez y viveza para reclamarle al juez, y este que decidió convalidar el tanto. El resto es lo normal en el fútbol, fundamentalmente en el argentino. Los que sufren el gol sienten que les robaron, que es una aberración, y que tienen todo el derecho a reclamar como se les antoja. Para el espectador imparcial, invariablemente, el árbitro pasa a ser el villano. Es que la puesta en escena de los "damnificados" condiciona todo. Y los que nos beneficiamos, nos miramos de costado con una sonrisa tímida, con aire de culpa, y con medida alegría. "Sería bueno tener el VAR", me dice alguien que hace unos días aseguraba que este sistema de videoarbitraje era una aberración. "Depende, todo depende…" podría sonar como fondo Jarabe de Palo.
La justicia es ideal, sobremanera porque estamos en Argentina, el reino de la injusticia o de la justicia devaluada, y hablamos de fútbol, la dinámica de lo impensado, en palabras del maestro Dante Panzeri. A veces, raras veces, alguna decisión del árbitro coincide con la voluntad del hincha, del entrenador o de los jugadores, como parece haber ocurrido anoche, pero ni así consigue probar su inocencia. Existen árbitros buenos, árbitros malos y árbitros corruptos. Como también hay jugadores que corren si conviene y hacen lindas camas; hinchas que exigen ayuda por debajo de la mesa, dirigentes que llegan pobres y se van ricos; técnicos chantas, transeros; periodistas que aman las frases hechas y los sobres gordos. No, si me pongo a filosofar sobre esto coincidiremos que no hay buenos en esta novela negra a la criolla. Desde cualquier medio de Santiago que elija, se asegura que lo de Pablo Díaz fue una vergüenza. De este lado ya vimos que hubo un pase atrás claro, con forma de pifia, por parte de Vega. ¿Alguien puede poner las manos en el fuego por cualquiera de estas aseveraciones? Nadie lo hará, sencillamente porque las imágenes no dejan certezas. Por lo menos las que vimos hasta este momento.
Ahora bien, antes de este lío, hubo un partido. Uno de esos partidos chatos típicos de una durísima B Nacional. En donde este Atlético que venía en plena recuperación tras dos victorias que reposicionaron al equipo en la tabla y potenciaron la ilusión del hincha y la confianza de los jugadores, mostró una cara que conocimos y sufrimos en la primera parte del torneo. Sin juego asociado y con algunos bajísimos rendimientos individuales. Solo jugó bien en el comienzo de la segunda parte. Pero el segundo gol de la visita cayó en el mejor momento del conjunto de Llop y aventó todos los fantasmas. Todo hasta que apareció el milagroso Marco Borgnino, que sigue con la varita en su pie, y se ha convertido en el nuevo optimista del gol. Si a alguien debía quedarle ese desvío era a él. Ocurrió. Y Atlético volvió a festejar.
No es un resultado que sirva desde lo numérico, eso es claro. Pero si desde lo anímico, porque uno siente ese alivio que dan las victorias, aunque no lo haya sido. No se perdió, vamos a quedar más o menos en el mismo sitio en la tabla, y se hicieron un par de goles. Pero las alarmas que se encendieron iluminaron barrio Alberdi. Y fundamentalmente la zona del banco, donde creo que a esta hora sigue sentado Albertengo. Una decisión de Llop que no entiendo. Y visto el desarrollo del encuentro obliga al entrenador a repensar su decisión. Ante todo esto, y mientras volvemos la vista al superclásico que, no sé si sabe usted, se juega mañana, el punto se puede festejar. Mientras del otro lado se lamentan porque no hay VAR, de este lado nos amparamos en la ley de Kafka. Y nos vamos al BAR.

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