Chocolate en Turín

Cultura 10 de noviembre de 2018 Por
Cultura Piamontesa - TERCERA Parte

Chocolate y Religión

¿El chocolate es una bebida adecuada para los días de ayuno prescritos por la Iglesia?
Había sido establecido por una orden del Papa Pío V que los líquidos no rompían el ayuno, pero ¿se podía definir fácilmente el denso, aterciopelado chocolate, un líquido?
¡La duda era legítima, porque también el chocolate había entrado en las iglesias!
Las damas, de hecho, habían tomado el hábito de beber chocolate inmediatamente después de la misa: en un primer momento fueron los criados en llevar jarras humeantes a la iglesia para animar a las damas. Luego, los monjes sustituyeron a la servidumbre.
El ritual matutino se convirtió así en un momento de entretenimiento, que tenía mucho de mundano y poco de religioso.
La Iglesia trató de poner un freno prohibiendo la práctica, pero el clero se rebeló, por lo que intelectuales y teólogos se encontraron argumentando acerca de la naturaleza de la bebida. Finalmente, el cardenal Brancaccio, cuya lógica era tan sutil como complaciente su moral, disuelve la controversia.
En 1662, en referencia a una definición de Aristóteles, definió al chocolate bebida por accidente, pero siempre bebida; por lo que debía considerarse como el agua o el vino y, por tanto, permitido en la sacristía. El alto prelado estaba personalmente interesado en la cuestión: golosísimo del chocolate, había incluso dedicado una larga oda al cacao.
Y vale la pena recordar una pequeña curiosidad acerca de la Nutella, entrada en el imaginario colectivo internacional gracias a las películas y a la literatura.
El inventor de la mítica crema de chocolate, Pietro Ferrero, tenía un gran negocio de pastelería en Turín, en San Salvario. En 1946 inventó una crema con sabor a chocolate, para las meriendas, a buen precio. La leyenda contada por los lecheros turineses dice que, a causa del calor, la crema de chocolate se derretía, lo que dio vida a la Nutella, llamada así algunos años más tarde, en la era de la televisión y la publicidad, por Michele Ferrero, hijo de Pedro.
Lo que fue y sigue siendo la Nutella para los Ferrero y para Alba -la ciudad donde, mientras tanto, Pietro Ferrero se había transferido- es innecesario decirlo. Aquí se recuerdan sólo los orígenes turineses de la crema al chocolate más famosa de Italia, que continúa alimentando, no sólo literalmente, enteras generaciones.
El taller artesanal en pocos años se convierte en una multinacional. Es el período de gran crecimiento, con la Nutella que explota el auge económico. La crema lleva el desarrollo de toda la empresa, junto con el bombón de licor inventado en 1956, el Mon Chery, la pralina más famosa del mundo, una verdadera obra maestra de la técnica (es muy difícil contener licores en una caparazón de chocolate).
Cada año se consumen en Italia 20 mil toneladas de Nutella, lo que equivale a 60 millones de frascos.
En 1968 Ferrero lanza la marca Kinder, una barrita rellena de leche. En 1982 nace el chocolate industrial Rocher: hoy sigue siendo el más vendido en el mundo.
Pocos productos en el mundo se han mantenido sobre la brecha desde que fueron introducidos en el mercado: las modas no se tocan. El Martini, la Coca Cola, la Bic, la Barbie, el Scotch, la Vespa, los Levi’s, el Chanel Nº 5… La Nutella es parte de ese mundo, como lo demuestran las muchas certificaciones de un mito: exposiciones, libros, etc.
El Piamonte es indicado hoy en su pleno derecho como "capital del chocolate italiano" (desde el punto de vista cualitativo, cierto, pero también del cuantitativo: habla piamontés el 35% de la producción nacional).
Hoy Torino y su distrito constituyen el mayor centro italiano de elaboración de chocolate, con una producción de 85.000 toneladas.
La ciudad de Turín, su provincia y la Región quieren contar la historia y la crónica de un gran protagonista de la gastronomía. Y, mientras tanto, utilizar el chocolate como una palanca para promover el territorio y así mostrar en Italia y en el mundo, la ciudad y la región de las montañas olímpicas, de escritores famosos, grandes vinos, de la arquitectura barroca y el circuito de las Residencias Reales.
Los ingredientes de este éxito son: el profesionalismo, la competencia y el respeto de una tradición que tiene sus raíces en la Turín del ‘700, se ha desarrollado en el ochocientos y en el ‘900 vio emerger grupos importantes en la capital y en todo el Piamonte: de Streglio a Ferrero, de Talmone a Novi, de Venchi a Pernigotti.
A estas firmas prestigiosas de la industria se añaden las de los artesanos: maestros chocolateros que saben innovar y al mismo tiempo valorizar lo mejor del pasado. Con pasión, empeño y, sobre todo, sabor.

Consejo

El chocolate de alta calidad debe fundirse en la lengua, sin dar lugar a un retrogusto. No debe ser almacenado en el refrigerador porque la humedad pone de manifiesto el azúcar en la superficie.
El chocolate negro, si se conserva en buen estado, puede durar más de 18 meses, mientras que los otros tipos se deben consumir en un plazo máximo de un año, de lo contrario pierden su aroma, aunque todavía son comestibles: el chocolate sigue siendo el chocolate!

La pasión de Ernest
Hemingway

El tabaco daña la salud, el chocolate no, palabra de Fidel Castro. Debe seguramente haber recordado esta frase el escritor Ernest Hemingway, amigo del presidente cubano, cuando hizo una parada en Cúneo, durante su viaje a la Riviera francesa. En la ciudad piamontesa, el autor de "El viejo y el mar" tuvo la oportunidad de apreciar los cuneesi al rhum, creados en 1923 y comprar una gran cantidad en la Confitería Arione.

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