Ponerle marco al mejor resultado

Yo opino 05 de noviembre de 2018 Por
"Todos estamos algo manchados, tal vez. Es muy difícil modificarlo de manera rápida. No sé si la gente espera un milagro de la noche a la mañana. Si nuestra esperanza es impaciente, sería un grave error", Jorge Luis Borges (1899-1986); de un reportaje realizado por la agencia EFE (1983).
LosAndes1600
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Es difícil aburrirse en esta parte del mundo. Lo que no es difícil es angustiarse, y pasar del asombro a la resignación, de la indignación al conformismo, de la decepción al exitismo. No, no hablo de la vida, de lo social, de lo económico, de la inseguridad y todas esas cosas sin importancia. Hablo de lo que verdaderamente nos quita el sueño, hablo de fútbol, claro. El país entero ya está enfrentado por una dicotomía histórica que marcó nuestro destino como nación. Hasta el sábado todavía esperábamos la decisión de la Conmebol sobre la irresponsabilidad de Gallardo. Los dirigentes de la entidad madre del fútbol sudamericano analizaban denuncias y descargos de Gremio y River. Tal vez no recordaban que ellos habían enviado una docena de árbitros para la cancha y el VAR y decenas de dirigentes para que estén presentes, tal vez en el BAR, con habano y güisquicito –dixit Ariel Holan-, para contar lo que vieron. Una vez que tomaron la dramática determinación –bueh-, pasamos a hablar del Superclásico de la Super Libertadores. Entonces el presidente Macri dijo que habría visitantes, los dirigentes nuestros se aterraron y los periodistas agradecimos por tanta locura que nos entrega horas y horas para discutir tonterías importantísimas para nuestro futuro. Podría cantar Serrat, para lo que viene, "Gloria a Dios en las alturas, recogieron las basuras de mi calle ayer a oscuras, y hoy sembrada de bombillas…". Es así, cuando pase la fiesta que de verdad viviremos, la basura volverá a ver la luz. Y la realidad de la Superliga, que justo cuando hay que volver a pagar por el fútbol tienen a los equipos llenos de suplentes y ajadas estrellas cercanas al retiro, ganará el centro de la escena. Eso se espera. Siempre y cuando los genios que conducen la AFA no la choquen por enésima vez.
Mientras todo esto ocurre, en la base de la pirámide se juega fútbol genuino, aunque a nadie parezca importarle demasiado. Tribunas vacías, televisión ausente… "¡Eh viejo!, ¿Usted va a seguir con todo este panfleto suicida?, ¿No piensa escribir nada sobre el enorme triunfo de Atlético? ¿A quién le vamos a vender un diario?", me tira el tipo de la redacción, que me odia. "¿Pero qué hago, no pongo nada de lo que pasó, de que el Muñeco se le rió en la cara a los carcamanes de la Conmebol, de que nadie habla de lo que hizo Gremio con los alcanzapelotas…?", pregunto sabiendo la respuesta. "Nada viejo, aprenda del Chiqui Tapia y de Holan. Tómese una copita de algo y dele lugar a su alegría". Lo de la alegría es real. El sábado canté el segundo gol como si estuviese en la cancha. Es que fue un golazo. Me lo dijo el relator de Universidad, porque en la tele se veía como en los setenta. Es lo que hay.
La gestión de la ansiedad es una de las grandes claves para entender este deporte. La mentalidad juega en todos los órdenes de la vida, pero en la competencia profesional, sea el deporte que sea, es determinante. Atlético era un equipo en caída libre hasta el final del partido en el sur del país. La llegada de un nuevo entrenador, ya conocido y valorado por su paso anterior, generó el primer sacudón positivo. La victoria ante Olimpo, el segundo. Y la realidad ya es otra, segunda victoria consecutiva y un rendimiento que ilusiona. Porque, además, recupera jugadores claves que vivieron una realidad similar a la del equipo. Como Marco Borgnino, que apareció en la Crema como gran figura y rápidamente pasó a Estudiantes, pero una lesión fea en cancha de Vélez y pocas oportunidades posteriores hicieron que deba regresar y bajar de categoría.
Todo un golpe. Pero a los 21 años la vida deportiva recién empieza. Y ante Los Andes puso la segunda marcha en su nuevo sprint tras su presencia fundamental en el choque anterior con la conversión de dos penales. Ayer volvió a hacer dos goles, el segundo ideal para ponerlo en un cuadro –decir que merece un Marco es demasiado obvio- y fue la gran figura.
Entre las sentencias increíbles que ha patentado el periodismo nacional aparece como candidata al podio ésta: "Dos a cero es el peor resultado". Suele escuchársela con alguna frecuencia de boca de quienes opinan de fútbol desde las elevadas colinas del conocimiento. Se asegura que el mentor es Carlos Salvador Bilardo, y se basa en que cuando un equipo sacó una diferencia de dos goles se relaja, pierde concentración, le cede la iniciativa al rival e inevitablemente se entrega a partir del momento en que ese rival, al conseguir el gol de descuento, se agranda. Y le gana. ¿Cuál es el método infalible para evitar este desastre? ¿No hacer goles? ¿Errar el segundo a propósito? Pregúntenle a Marco. Golazo para dos a cero y tres puntos en el bolsillo. El pibe, seguro, sabe qué hacer con los versos.
Es real que cuando se está en plana reconstrucción, la zozobra también tiene picos y valles. Es tema para el entrenador confirmar el rendimiento, ayudar a solidificar la confianza, y entender que todavía se está tan lejos del objetivo como del rendimiento ideal. Pero mientras tanto, cuando podemos sacar la vista de los anuncios de la Superfinal de la Libertadores, miramos el cuadrito de Marco, el que encierra el segundo gol del mejor resultado. Y nos reaviva la ilusión.

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