Turín, la ciudad de los pórticos

Cultura 13 de julio de 2019 Por
La segunda ciudad italiana con más pórticos es Turín.

Un patrimonio urbano formado por 18 kilómetros de historia, elegancia y majestuosidad, entre edificios históricos y de principios de 1900.
En Turín, los pórticos existían antes del año 1000. En el 870, el obispo Àmolo, expulsado de su sede, hizo destruir por su ejército muchas de las galerías de la ciudad, donde la gente solía pasear. Una venganza lanzada contra un hábito bien arraigado en los turineses, que bajo los pórticos solían quedarse hasta tarde.
Si bien los primeros pórticos se remontan a la Edad Media, solo en el 1600 comenzó la construcción de los pórticos monumentales que aún podemos admirar en la ciudad. El primer testimonio es la orden de Carlo Emanuele I de Saboya, del 16 de junio de 1606, sobre la construcción de la Piazza Castello según el proyecto de Ascanio Vittozzi, que incluía la construcción de pórticos monumentales que circundan tres de los cuatro lados de la majestuosa plaza. Los más antiguos son los que están a los lados de Via Garibaldi y de mediados del siglo XVIII los que están del lado de Via Po y el Jardín Real.
Entre 1630 y 1650 Filippo Juvarra construyó los pórticos de Porta Palazzo y los arquitectos Carlo y Amedeo di Castellamonte la Piazza San Carlo, mientras que en 1756 se le encomendó a Benedetto Alfieri la tarea de rehacer los pórticos de la Piazza Palazzo di Città.

Piazza San Carlo

Se debe llegar al 1800 para la construcción de los pórticos monumentales de Piazza Vittorio Veneto, Piazza Carlo Felice y Piazza Statuto. Todo está enmarcado por las arcadas de Via Po, Corso Vittorio Emanuele y Corso Vinzaglio, Via Sacchi, Via Nizza, Via Roma, Via Cernaia y Via Pietro Micca. Estas calles constituyen un gran anillo peatonal que conecta las dos principales estaciones ferroviarias de Turín, Porta Nuova y Porta Susa.

Piazza Statuto

Una curiosidad: caminando por Via Po desde Piazza Castello hacia Piazza Vittorio, se puede ver cómo los pórticos del lado izquierdo no sufren ninguna interrupción en las intersecciones con las calles perpendiculares, lo que sí sucede en el lado derecho.
Esto está determinado por una razón bastante interesante: fue el rey Vittorio Emanuele I de Saboya quien dio esta orden. Esto era para asegurar que la familia real no se mojase cuando llovía, mientras iba del Palacio Real a la cercana Iglesia de la Gran Madre.
Siglos más tarde, fueron también los Saboya, en el apogeo de una ciudad que se convirtió en capital del Reino de Italia, a dar más brillo a las calles cubiertas del centro de la ciudad. Entre 1848 y 1860 fue un verdadero florecimiento urbano bajo la bandera del lujo donde aristócratas, burgueses, comerciantes y artistas competían, mostrando sus mutuas posesiones.
Bajo los pórticos se fijaban audiencias, se trataban asuntos de gobierno y de la bolsa de valores, se apostaba, se buscaba inspiración para las obras de arte y se compraba todo tipo de géneros.
En resumen: una ciudad en la ciudad y toda cubierta.

Te puede interesar