La eutanasia de Noa: el fake golpea al periodismo mundial

Actualidad 13 de junio de 2019 Por
Noa Pothoven murió tras ser autorizada para recibir la eutanasia en Holanda. O no. Tal vez se suicidó por inanición con el apoyo de su familia. O no. O tal vez ni exista una tal Noa Pothoven. O sí. O tal vez alguien busca poner la eutanasia en agenda… o no.
noa

Por Analía De Luca -  El caso se conoció en los medios de todo el planeta: una adolescente abusada durante su infancia cursaba una depresión irreversible, trastornos alimentarios y había solicitado la eutanasia a una clínica especializada holandesa. Las primeras informaciones decían que la obtuvo y había muerto. Horas después, se supo que no era verdad y se había “dejado ir” al morir de hambre y que la información no era del todo certera.

Página 12 asegura que consultó con sus corresponsales holandeses, quienes desacreditaron la información difundida por la agencia Central European News “que se encarga de replicar notas locales y traducirlas al inglés para que estén al alcance de los medios extranjeros”: “Según The Guardian, la misma agencia ya había sido denunciada en otras oportunidades por brindar información falsa en sus artículos” (Página12.com 05/16/19).

En tanto, una diputada holandesa, Lisa Westerveld, twitteó (en inglés) que “hay mucha desinformación en la prensa internacional sobre la trágica muerte de Noa. Sus amigos y familiares quieren que la gente sepa que ella no murió de eutanasia”.

En tanto, hasta el propio Papa Francisco se hizo eco del caso y publicó -en las redes sociales del papado- que “la eutanasia y el suicidio asistido son una derrota para todos” y pidió “no abandonar nunca a quien sufre, no rendirnos, sino cuidar y amar a las personas para devolverles la esperanza”.

 Entonces, ¿qué pasó?

Nadie lo sabe a ciencia cierta. Es verdad, pocos fuera de los Países Bajos hablan el neerlandés, y muchos menos el holandés, lo que dificulta el acceso a información de primera mano. Y es una práctica corriente dar por sentado que, si algunos medios de renombre lo publicaron, es porque es verdad. Además, se desatendieron las técnicas más usuales de comprobación.

Por ejemplo: Noa tenía 17 años. Lo usual a esa edad es utilizar redes sociales, pero no existe un perfil con ese nombre en Facebook ni en Youtube y, en Instagram hay tres:

Uno sin publicaciones, 7.792 seguidores y 16 seguidos, que remite a otro perfil, winnenofleren, con 18 publicaciones, 14.200 seguidores y 49 seguidos, en el que se pueden ver escritos y fotos de una chica que no parece padecer depresión crónica.

Otro con tres publicaciones, 1150 seguidores y 2405 seguidos, que dice “blog personal”, “in his memory” (“en su memoria”, donde “su” es masculino). Noapothovenblog con trece publicaciones privadas, cero seguidores, y cero seguidos.

Algunos medios aseguraron que los perfiles fueron eliminados tras la muerte de la adolescente. Pero hay que tener en cuenta que, mientras algunos aseguraban que Winnen of Leren -“Ganar o morir”, la autobiografía de Noa Pothoven- “ganó un premio en su natal Holanda (Hipertextual 6 de junio de 2019, “Instagram como ventana al sufrimiento de Noa Pothoven”)”, ningún ejemplar se encuentra disponible para su compra física ni digital, según Google Libros, ni tampoco se lo puede ubicar en búsqueda según ISBN (cuyo código, según Google Libros es “9402248234, 9789402248234”).

LE IMPACTÓ “LO FÁCIL QUE ES ENGAÑAR A LA GENTE Y CÓMO QUIENES DEBERÍAN COMPROBAR LA VERACIDAD DE LA INFORMACIÓN (QUE SE PUBLICA EN LAS REDES SOCIALES) NO SUELEN HACERLO”.
 

Boris Bork, el millonario que nunca existió

Roman Zaripov, un consultor ruso de 23 años, contrató a un jubilado, Boris Kudryashov, y creó un personaje para Instagram, llamado Boris Bork, inspirado en la vida del millonario (real) Gianluca Vacchi. Invirtió 800 dólares durante un par de meses y consiguió que 18.000 seguidores “consumieran” las imágenes falsas de la lujosa vida de Bork, elegantemente vestido, a bordo de autos de alta gama o jets privados, o en sitios V.I.P. Zaripov aseguró -luego de revelar la verdad- que le impactó “lo fácil que es engañar a la gente y cómo quienes deberían comprobar la veracidad de la información (que se publica en las redes sociales) no suelen hacerlo”.

LOS PERIODISTAS NO PUEDEN SER MEROS REPLICADORES DE LO QUE PASA EN LAS REDES.

Como en el caso de Boris Bork, el mundo “compró” sin regatear el caso de Noa Pothoven. Incluso en el caso de que realmente haya existido y en verdad haya muerto, a nadie se le ocurrió cuestionar por qué, pudiendo suicidarse de maneras más “tradicionales” la adolescente pediría autorización para obtener la eutanasia.

Desde experimentos inocentes -como el de Zaripov- o algunos peor intencionados, es innegable que el Fake (difusión de noticias falsas) es un fenómeno en crecimiento en todo el planeta, alimentado por el uso de las redes sociales. Y los periodistas no pueden ser meros replicadores de lo que pasa en las redes.

El resto de los usuarios son ciudadanos que no están entrenados en detección y tratamiento de la información y los comunicadores, cuanto menos, son profesionales capacitados y responsables de la formación de la opinión pública.

Cuando por razones de distancia o idioma no se puede comprobar una noticia, tal vez convenga “dejarla ir” (como cuentan que decía Noa) y destinar ese espacio a noticias de cercanía con verdadero impacto en la comunidad local.

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