Rudolf Caracciola, una leyenda

Historias del Automovilismo 12 de junio de 2019 Por

De lejano origen napolitano, nació en Remagen el 30 de enero de 1901 con el nombre completo de Otto Wilhelm Rudolf Caracciola, y fue encontrado moribundo en su mansión de Lugano. Había sucumbido a una afección hepática, Murió el lunes 28 de Septiembre de 1959 en una clínica de MönchenBerg.
El 1° Gran Prix de Alemania el 11 de Julio, CARACCIOLA/Salzer completaron los 392 Km a 135,3 Km/h
En 1928 logró otra épica victoria en el Grand Prix de Alemania, sobre el NürburgRing.
El Grand Prix de Alemania lo volvería a ganar Rudi en 1931, en 1932 en 1937 y en 1939.
En 1929 impondría Rudi un mastodóntico M.B.SSK de 2,2 toneladas y 225 HP en el endiablado Tourist Trophy de Belfast, con record de vuelta rapida. También había sido 3º en el I Grand Prix de Mónaco 1929. Y, ante el asombro de todos, se serviría de un SSKL para conseguir otra heroica victoria en las Mil Millas 1931, batiendo records. Ese mismo año superó con el SSKL al Bugatti de Louis Chiron en un lluvioso NürburgRing.
Otra victoria de mérito: la del Tourist Trophy 1929 en Ards, ante el Alfa Romeo de Giuseppe Campari.
El año siguiente, Rudi ganó el Gran Premio de Irlanada 1930 .
Mille Miglia 1931. Apoteósica llegada a Brescia como vencedores a una media de 101,1 Km/h con el Mercedes-Benz SSKL .Era la primera vez que un equipo no italiano ganaba esta carrera en carretera abierta desde la primera edición en 1927.
Vuelto a la Mercedes-Benz, en Monza 1934 también ganó Rudi. El XII Grand Prix de Italia se disputaba sobre el trazado pequeño de 4.310 m (obviando el tramo peraltado de alta velocidad, que daría ventaja a las flechas de plata alemanas).
Era a sólo 500 Km, pero algunas marcas optaron por presentar equipos dobles.
CARACCIOLA en cabeza de la prueba con su Mercedes-Benz W25 nº 6 (que compartía con Luigi Fagioli), .
Terminaron en ese orden, al promedio de 105,2 Km/h los ganadores.

Fue, además tres veces campeón de Europa de Montaña: en 1930 y 1931 en categoría sport, y en 1932 en racing car. Y campeón de Alemania en 1935, 1937 y 1939.
También obtuvo 16 records mundiales e internacionales de velocidad sancionados por la AIACR

Rudi Carach ganó una decena de veces en el NürburgRing, uno de los circuitos más selectivos, manejando, con su estilo frío de impecable suavidad y equilibrio, los Mercedes-Benz más díficiles de conducir de la historia de la marca (de hasta 650 HP) y destacando aún más en arduas condiciones atmosféricas. A igualdad de auto, él era el más veloz y a quien más le duraban los neumáticos.
Rudolf CARACCIOLA llegó a ser un ídolo, por supuesto. Lo fue para todos los buenos aficionados, aunque su estilo era menos espectacular que el de Rosemeyer, Fagioli o Nuvolari.
Ganó más de 200 pruebas; entre ellas 16 Grands Prix, encadenando tres campeonatos de Europa (1935, 1937 y 1938).
Fue, además tres veces campeón de Europa de Montaña: en 1930 y 1931 en categoría sport, y en 1932 en racing car. Y campeón de Alemania en 1935, 1937 y 1939.
También obtuvo 16 records mundiales e internacionales de velocidad .
Como todos los grandes ases, Caracciola poseía unas facultades físicas superiores a lo óptimo (vista, reflejos, fortaleza, valor, coordinación psicofísica, capacidad de concentración, capacidad de sufrimiento). Era de esos pilotos cuyo cerebro gira mucho más rápidamente que su cigüeñal o sus ruedas; y así no es tan difícil ser un as. Pero es que, además, su calma para no perder los papeles ante situaciones comprometidas, su sangre fría para mantener un planeamiento inteligente, no apasionado, de la carrera, su instinto para elegir la trayectoria idónea con absoluta precisión, todo ello le diferenciaba de otros ases de su tiempo, más temperamentales, y lo asimilaba a Nazzaro, Varzi, Fangio, Moss, Clark, Foyt..., es decir a los más grandes de entre los grandes.
Con un W125 especial, CARACCIOLA logró las plusmarcas de la clase B (de 5,0 l a 8,0 l) sobre la autopista Frankfurt/Darmstadt el 28 de Enero de 1938: 432,46 Km/h en la milla lanzada y 432,69 Km/h en el kilómetro lanzado.
Y con un W154 carenado, el 8 de febrero de 1939 obtendría los récords de clase D (de 2,0 l a 3,0 l) en la Dessau/Bitterfield: con salida parada, 177,52 Km/h en el kilómetro y 204,57 Km/h en la milla. Y con salida lanzada, 398,23 Km/h en el kilómetro y 399,56 Km/h en la milla. En una de esas pasadas, las ruedas motrices patinaban. "Había arena en aquella nueva pista. Ensayé ir por el lado derecho, que estaba más usado. Entonces las ruedas agarraron bien, pero no tuve la sensación de alcanzar gran velocidad. –¡Oiga, señor Krauss!– dije a nuestro ingeniero de pruebas–. Esto no funciona bien. Me parece que no pude superar los trescientos kilómetros. Neubauer, Sailer, Uhlenhaut y el mismo Krauss rompieron a reir. –Has llegado casi a los cuatrocientos– me contestó Neubauer".
Rudi CARACH era también el encargado de intentar el record absoluto de velocidad en tierra (LSR) con semejante monstruo de tres ejes, diseñado por el infatigable Ferdinand Porsche en 1938.
Este Mercedes-Benz T80 llevaba un motor de avión de 3.000 HP a 3.800 R/mn y pesaba casi 3 toneladas métricas.
Estaba previsto para superar los 700 Km/h, Pero no estuvo listo antes de que estallara la II Guerra Mundial.

Como todos los grandes ases, Caracciola poseía unas facultades físicas superiores a lo óptimo (vista, reflejos, fortaleza, valor, coordinación psicofísica, capacidad de concentración, capacidad de sufrimiento). Era de esos pilotos cuyo cerebro gira mucho más rápidamente que su cigüeñal o sus ruedas; y así no es tan difícil ser un as. Pero es que, además, su calma para no perder los papeles ante situaciones comprometidas, su sangre fría para mantener un planeamiento inteligente, no apasionado, de la carrera, su instinto para elegir la trayectoria idónea con absoluta precisión, todo ello le diferenciaba de otros ases de su tiempo, más temperamentales, y lo asimilaba a Nazzaro, Varzi, Fangio, Moss, Clark, Foyt..., es decir a los más grandes de entre los grandes.

En un acidente en MÓNACO, se rompió la pierna derecha de tan mala forma que perdió un año y medio de actividad, le quedó más corta y le causaba terribles dolores al pilotar (un handicap que superó, aun a duras penas.
Pero algo más tarde recibió un aviso de la Mercedes-Benz; querían que probara el nuevo W125, y Rudi se decidió a volver a correr con aquel coche "pequeño y blanco. Lo encontré muy atractivo, muy parecido al monoplaza que siempre había soñado".
El volante había sido su vida, pero no volvió a correr después del accidente de Berna 1952. Editó sus memorias en 1957, despidiéndose con una cita bíblica: "Ya no conduzco bólidos porque `todo aquí es temporal y bajo el cielo todas las cosas tienen su momento´". En efecto, su momento había pasado. Tenía 56 años, una buena edad para retirarse, pero sólo le quedaban otros dos de vida
En Mónaco 1937. Fue una carrera emocionante.
Rudi ya tenía 38 años, pero aún era el mejor. Por desgracia, esta sería su última victoria en un Grand Prix, su último Grand Prix, porque enseguida llegaba la II Guerra Mundial. Y, después, la decadencia física.

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