Una epidemia sin vacuna

Editorial 06 de junio de 2019 Por
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La verdad es que no se puede vivir en paz. Por una razón o por otra, el país no pone contra la pared y nos dispara directamente al estado de ánimo que queda herido generando una ola masiva de pesimismo contagioso. Pasamos de la opinión positiva o negativa de las cosas al "me da lo mismo", haciendo que perdamos el interés por casi todo lo que nos rodea. Así estamos hoy la gran mayoría de los argentinos, ignorantes en general de la ciencia de la psicología, definimos esta sensación negativa con frases como "me da lo mismo"; "a mí qué me importa" o "que hagan lo que quieran".
No tomemos el tema tan a la ligera, el estado de ánimo negativo es algo difícil de superar que produce en cada uno de nosotros afectos negativos como la pereza, el aburrimiento, el nerviosismo, e incluso la hostilidad. Si en cambio pudiéramos vivir en una sociedad que nos contagie el afecto positivo, nuestra actitud social ante la vida sería la de tener deseo de actividad, la euforia y el vigor, lo que comúnmente llamamos "ganas de vivir".
Los estados de ánimo se caracterizan por ser duraderos, desde días, semanas o meses enteros. Es algo a lo que no podemos escapar y el mundo que nos rodea nos impulsa hacia un lado o hacia otro. Y la verdad, querido lector, que si uno vive mediana informado, lees, ve y escucha las noticias, el efecto negativo ocupará definitivamente nuestra forma de vivir. Conviene separar el estado de ánimo de las emociones. Como ya se sabe, las emociones son aquellas sensaciones que nos invaden tras una experiencia, tanto agradable como desagradable. Cuando se habla de emociones, inmediatamente se nos viene a la cabeza una alegría, una sorpresa, un susto o miedo, entre otras.
Todas esas sensaciones o emociones son desencadenadas por un motivo claro. Si recibe una buena noticia, sentirá alegría; si descubre algo inesperado, le invadirá la sorpresa y así sucesivamente.
El estado de ánimo es otra cosa, es una sensación generalizada que nos obliga, aun sin quererlo, a vivir sumergidos en el desánimo o en la alegría. Los argentinos estamos obligados a convivir con el desánimo, con la sensación que nos borraron el futuro y cuando queremos hacer un poco de luz entre tanta niebla informativa, nos damos cuenta que lo mejor que nos puede pasar en "más de lo mismo" o sea que nada cambiará. Vivir bajo ese estado de ánimo produce, según los expertos, "matices desde la morosidad, de la languidez, de la nostalgia, de la ideación suicida, del desaliento, hasta la depresión más autentica y más profunda, estado de tristeza patológico y de dolor moral".
Esto se acompaña de un sentimiento de desvalorización de sí mismo, de pesimismo, de cansancio y de inhibición. Y esta sintomatología perversa nos está haciendo daño, mucho daño como sociedad, porque perdemos masivamente las expectativas de mejorar, de recuperar en algún momento un estado de ánimo positivo.
Para que usted tenga una idea hasta donde nos perjudica este estado de ánimo, tenga en cuenta que eso afecta de manera directa muchas de nuestras necesidades instintivas como el hambre, la sed, el sueño o la sexualidad. También se alteran nuestras relaciones alterando la vida conyugal, familiar y laboral. Y finalmente influir negativamente en la ocupación de nuestros ratos para el ocio o las vacaciones. Como se puede apreciar en este breve informe, la realidad de nuestro país nos mantiene enfermos, muy enfermos y lo que es peor, si soluciones a la vista. Solo podemos refugiarnos en las emociones positivas, que siempre serán esporádicas y breves. Finalmente también debe indicarse que el estado de ánimo negativo inexorablemente se refleja en el rostro de los afectados, tornándolos en caras de tristeza, preocupación o vacío. Me hubiera gustado escribir todo lo contrario pero tampoco estoy de ánimo porque vivo por aquí y no me puedo salvar del contagio.
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