La violencia social golpea duro al núcleo político

Enfoques 14 de mayo de 2019 Por
Pasadas las 16 de ayer, en medio de diversas amenazas de bombas y luego del paso del presidente Macri por la capilla ardiente, los restos del Diputado Nacional Héctor Olivares salieron del Congreso hacia La Rioja ¿Será un antes y un después?
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Por Bryan J Mayer (Acreditado en el Congreso de la Nación). El Diputado Nacional por La Rioja, Héctor Olivares (UCR) debía finalizar su mandato en diciembre de este año, quizá intentaría renovar su banca en las próximas elecciones nacionales. Eso nunca lo sabremos, pero sin dudas el legislador jamás imaginó que su retiro del Congreso sería dentro de un coche fúnebre. Lo hizo pasadas las 16hs, luego de que el Presidente Macri se acercara hasta el lugar para despedirlo. El mandatario estuvo casi 15 minutos en el lugar, sin hacer ningún tipo de declaración. Lo acompañaron el Jefe de Gabinete, Marcos Peña; el Ministro de Defensa, Oscar Aguad y el Secretario Presidencial, Fernando de Andreis.
Olivares fue una víctima más de la inseguridad que se vive en las calles argentinas, aún sin saber con certezas el móvil que llevó a los acusados a asesinarlo. Todo el marco político se hizo eco de lo sucedido ¿Será el punto de inflexión ante la extrema violencia que se vive en el país?
Hablar de violencia social no es sencillo, se debe hacer desde la conciencia de lo que esa afirmación genera. Pero si no basta con la manera en que el Diputado Olivares encontró su muerte – en plena calle, a las siete de la mañana y en un de los lugares más controlados de la Capital Federal – observemos los hechos que se vivieron en un lunes que fue tambaleante para los funcionarios de las distintas carteras de seguridad. La primera jornada de la semana comenzó con un hombre que intentó ingresar a la Casa Rosada armado y lanzando un bolso con armamentos y con el correr del día hubo amenazas de bombas en la propia Casa de Gobierno y en las estaciones de tren de Constitución y Retiro. Como si esto fuera poco, minutos antes de que el presidente de la Nación Mauricio Macri llegara personalmente a despedir a Olivares en el Congreso, una alerta de bomba se activó en el edifico anexo de la Cámara de Diputados de la Nación.
Día complejo en materia de inseguridad y de luto. Dos factores que convergen en medio de hechos que quizá no tienen trascendencia mediática, pero que son demasiados. Son excesivos porque estamos hablando de vidas, centenares de ellas que se pierden con una frecuencia que asusta ¿Acaso alguien repara en las cantidades de homicidios que suceden a diario? Sin lugar a duda la – aparente – inocente muerte de Olivares nos golpea a todos. Pero ¿cuántos argentinos y argentinas más mueren por día siendo víctimas de aquellos que no valoran la vida? ¿Cuántos funcionarios deben ser asesinados para que desde los distintos niveles del Estado se tomen medidas reales para combatir la inseguridad?
Mientras las últimas preguntas aparecen y dan lugar a pensar tantas otras, la impunidad crece en el país. Los delincuentes pierden el miedo y se dan situaciones como las últimas, que un tiempo atrás eran impensadas: ingresar armado a la Rosada buscando al mismísimo presidente, asesinar a cara descubierta a un Diputado Nacional y su asesor a metros del Congreso de la Nación y amenazar casi todos los días con la presencia de bombas en distintos puntos neurálgicos para la vida cotidiana de funcionarios y trabajadores, como las estaciones de trenes más relevantes. Esto último como extraordinario nos obliga a detenernos a pensar en eso que ya parece ser natural y que – incluso en esta nota no se ha mencionado hasta ahora – ya no son noticias: decenas de heridos y muertos diarios víctimas de aquellos que matan para robar por necesidad, por simple deseo o por venganza.
Estas líneas son tristes y mucho más lo es preguntarnos si Olivares será el legislador que debió morir baleado en pleno Congreso para que nuestros funcionarios tomen cartas en el asunto. Los resultados del garantismo judicial, la inoperancia (o corrupción) política y policial junto al dolor de miles de familias, demanda que entre todos nos comprometamos para convertir a nuestra sociedad en un espacio de convivencia inclusiva, tolerante y que recupere los valores de la vida. Con leyes y acuerdos, debemos decir basta. Sino, nos matarán a todos.

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