El filósofo y la pelota

La otra mirada 13 de mayo de 2019 Por
El notable ensayista y escritor se reconoce fanático de Messi y del fútbol en general. Y asegura desconocer porque esta pasión lo lleva a la irracionalidad. Este es un resumen de sus mejores respuestas sobre el único tema que lo atrapa más que la filosofía.
Abraham

Tomás Abraham nació en Timioara, Rumania, el 5 de diciembre de 1946, pero llegó a Argentina a los dos años, y pasó aquí su niñez y adolescencia, lo que le puso a su vida un sello: la pasión por el fútbol. "El de las figuritas era mi mundo. Mi AFA. Era en la década del 50, cuando conocía los jugadores y equipos de memoria. No me interesaba llenar el álbum, sino tener mi cancha de fútbol, en la alfombra de mi cuarto. Jugaba solo, con una pelota hecha con bolitas de papel. Hacía mis campeonatos, que yo mismo relataba. Era mi mundo solitario, reemplazado después por la lectura", describe en su novela, La dificultad.
Estudió Filosofía y Sociología, en Vincennes y en la Sorbona, donde fue alumno de Foucault, desarrollando más tarde una intensa actividad académica, tanto en Francia como en Brasil, España o Argentina. En la actualidad ejerce la docencia en varios centros y es un reconocido conferenciante. Ha recibido innumerables distinciones, tantas como obras ha editado. Sus columnas de opinión, cargadas de fina ironía, claridad de ideas y sencillez, pueden disfrutarse en distintos medios.
- ¿Qué recuerda de su infancia en la cancha?
- "Íbamos a sufrir. ¡Porque sufríamos! Todos. Yo, como hincha de Vélez, sufría. Se ganaba, se empataba y se perdía. Siempre se alternaba así. Me divierte recordar aquello. No tengo nostalgias: la mejor época de mi vida es hoy. Íbamos en familia a la cancha. Después, al volver a la tarde a casa, me sentía como vacío y angustiado, porque había pasado por demasiada excitación. Me consolaba con que el lunes volvía al colegio y la vida seguía. Era importante eso. Una derrota significaba vacío con angustia. Y una victoria mantenía una cosa de adrenalina sin destino. Nos ponía contento. Y yo la seguía con las figuritas".
- ¿Sigue yendo a ver fútbol?
- "Ya no. El hincha grita durante todo el partido, no solo en el gol, putea a sus jugadores, al árbitro. ¡Grita todo el tiempo! No lo soporto. Me hice hincha de la Selección Argentina. Y soy antinacionalista, cosmopolita, judío, rumano, trilingüe… es decir: para mí el mundo es una mezcla, pero con la Selección, no. Con la Selección soy argentino. Y sufro mucho con los mundiales. Lo mismo que sentía por Vélez lo siento por la Selección".
- ¿Cómo analiza a los espectadores?
- "Los hay de distintos tipo. Hay gente como yo, filósofos (risas), a quienes nos gusta ver y pensar. Está el hincha, que es hincha de su club. Yo sigo al Barcelona; es decir, a Messi. Soy hincha de eso. Pero al hincha medio sólo le importa su equipo. ¿Puedo decir que está loco? No. El ser humano muchas veces tiende al fanatismo. Uno es fanático de Huracán, otro de los Testigos de Jehová, un tercero del Islam, y así. Más allá de las ideologías, hay una cosa de adoración y entusiasmo por algo grande que lo tiene la mayoría de la gente. El fútbol ocupa ese lugar en la Argentina. Yo soy futbolero, no soy hincha. Me gusta ver fútbol mientras tenga magia. Si no, me canso. Tuve la suerte de muchos de ver a Maradona y a Messi. A Maradona lo vi debutar en Argentinos en 1976. Estaba en la calle, sin alojamiento, me había separado y sólo tenía un bolsito con el que me fui a la cancha antes de ir a un hotel de lo deprimido que estaba. ¡Y lo vi debutar! Cuando vino Bob Dylan a Obras, me paré y no me senté nunca mientras me puteaban: ´Acá hay que pararse. Estamos ante el poeta´, decía yo. Y con Messi también me paro, porque hay que pararse ante ciertas cosas. Como otros disfrutan del ballet".
- ¿Qué lo emociona del fútbol?
- "Tendrías que preguntárselo a un no futbolero que no entiende qué nos puede emocionar de tipos pateando una pelota. No se entiende qué le pasa a uno en la cabeza. A veces veo un partido malo y mi esposa no se explica por qué miro eso. ¡Andá a explicarlo! No sé cuándo pateé la primera pelota... ¿A los 4 años? Uno nace con eso, vive con eso, y le queda eso. Si todo fuera explicable por causa y efecto, no seríamos personas, sino androides. Me aburren el rugby, el básquet, el béisbol y el vóley, y todos se juegan con una pelota. ¿Por qué me gusta que a la pelota se juegue con los pies y no con las manos? No sé. Juego al tenis. Me gusta el tenis. Y con Federer siento también golpes de belleza. ¿Pero qué tiene el fútbol? ¿Cómo puede ser que soy enemigo de los nacionalismos y sufro tanto por la camiseta de la Selección? ¡Porque sufro! Me doy revolcones por el piso cuando un jugador se pierde un penal. Hago rituales, como prender el horno, aunque esté vacío, porque un día que lo prendimos le ganamos no sé a quién en un Mundial. Entonces hay que prenderlo, como le dije a mi señora. Y tengo una pelota que debo acariciar durante cada partido. ¡Qué sé yo! Son los infantilismos, una cosa de niño. Es eso. Woody Allen no se puede perder un partido de béisbol. Son cosas que no se explican. Quizás sea porque tengo un espectro muy chico de entretenimiento".
- ¿Entonces esa pasión no se explica?
- "Hay algo que es la magia, que no sabes cómo se hace, que es superior a la comprensión. El superhombre de Nietzsche. Un futbolero es alguien que se rinde ante la belleza en el fútbol. Como me puedo rendir ante la belleza de una pintura, una canción de Bob Dylan, un Nocturno de Chopin o la lectura de Pessoa, el futbolero encuentra belleza en el fútbol. El que no lo es, no entiende esa belleza. Uno no entiende la belleza que encuentra otro; entiende la belleza que encuentra uno".
- ¿Qué piensa de los que hablan de la filosofía del fútbol?
- "Son unos chantas. Eso del menottismo, del bilardismo, de que se juega como se vive... Son de cuarta. El fútbol es suficientemente grande como para hablar de fútbol y no de esas pavadas que pretenden elevar algo y no hacen más que hundirlo. Se llenan barato. La filosofía exige mucho esfuerzo. No separo sentir de pensar. En fútbol me gusta pensar como si fuera un director técnico, analizar los partidos, ver cómo juegan. Lo que no me interesa es moralizar al fútbol. Hacerse los eternos puritanos. El sermón hace mucho daño. Tenemos que admirar la belleza y discutir los temas, pero sin tratar de sermonear".

MEssi

- ¿Messi?
- "Tiene que ser el que más ponga. Pero creo que su aparente apatía en el seleccionado se debe al sistema de juego. No se encuentra. Jugó siempre en el Barcelona. Lo metés en otro sistema y no es lo mismo. Messi nos gana con su talento, no con su personalidad. A pesar de que siempre me gustó que fuera tan calladito, a esta altura me parece que su silencio no es por humildad. Pero nos gana con su talento. Messi tiene apego con la Argentina. Es raro que un joven que se fue tan chico hable como habla él: no se le pegó una zeta española. ¡Es raro! Apenas llega al país, se va a Rosario. Eso me gusta. El necesita, como todo ídolo, que lo mimen. Y a veces en la Selección no es así, todo para él. Yo veo al Barcelona por Messi, al Manchester City por Agüero y a la Juventus la veía por Tevez. Es decir, no es una idolatría. Es un amor. A Messi lo critico, como lo hice cuando habló en contra de Sabella, durante el Mundial. Los admiro. Me rindo ante la belleza. Eso no me quita ninguna perspectiva crítica. No los considero ídolos, sino grandes jugadores de fútbol, con un enorme talento, que me dan belleza. Puede pasarme con un jugador, un escritor o un músico. Son las cosas que a uno lo sacan, por suerte, del ‘siempre lo mismo’".

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