Trece balazos para avergonzarnos

Editorial 11 de mayo de 2019 Por
crimen

Trece balazos sonaron en el amanecer del jueves 9 de mayo a escasos metros del edificio del Congreso de la Nación. Trece disparos de una pistola calibre 40, de las que más daño causan sus balas al impactar.
Dos hombres aguardaron casi una hora dentro de un coche a que dos amigos de la adolescencia que vivían en el mismo edificio y que salían a caminar todos los días muy temprano, pasaran muy cerca de ellos para ejecutarlos con trece balazos arteros, a traición, con cobardía.
El ataque mató en el acto a Miguel Yadón e hirió de gravedad a Héctor Olivares, que permanece internado en gravísimo estado. El fallecido es Miguel Marcelo Yadón (58), un funcionario provincial de La Rioja con una larga trayectoria en el sector público y privado de esa provincia y Catamarca de donde era oriundo. Actualmente se desempeñaba como coordinador del Fondo Fiduciario del Transporte Eléctrico riojano.
El herido es el diputado nacional Héctor Olivares (61), presidente del Comité provincial de la UCR que está concluyendo su segundo mandato, al cual accedió en 2015 con más del 50 por ciento de los votos.
El martes, había participado de una reunión para tratar una iniciativa contra las barras bravas. Fue uno de los dos dirigentes que pidieron en enero a la Corte frenar la reforma de la constitución provincial que le abría la puerta a la nueva re-reelección del gobernador Sergio Casas.
Los asesinos actuaron con impunidad o inconsciencia, no eran sicarios, los sicarios matan y huyen, estos se quedaron en la escena del crimen y se fueron despacio, sin inmutarse.
A pocos metros se encontró el auto usado para el asesinato y se detuvo a un pariente de los que apretaron el gatillo que fueron identificados en pocas horas: un gitano de nombre Juan Jesús Hernández y su sobrino que en un comienzo se supuso era su hijo.
Según las policía el blanco principal del ataque era Yadón porque a Olivares lo dejaron agonizando sobre el cordón de la vereda mientras lo miraban como perdonándole la vida.
Da igual, en pleno centro, don funcionarios sufren un criminal atentado a la vista de muchos que pasaron y vieron y siguieron camino (ver los videos del hecho).
Los motivos se fueron acumulando con las horas, los últimos hablaban de una venganza gitana por cuestiones sentimentales, otros insistían en un crimen político o un ataque mafioso.
Con las horas se irá conociendo la verdad, si es que esto ocurre alguna vez. La sociedad corre cada día los límites del asombro hacia los terrenos del terror, del miedo, de la inseguridad que ya no tiene límites, va de un chico a la salida de un colegio a un diputado nacional a metros del Congreso Nacional. Miguel y Héctor eran amigos desde su infancia y hasta vivían en departamentos del mismo edificio cuando estaban en Buenos Aires.
Los asesinos sabían de sus rutinas en las caminatas matinales, conocían sus costumbres y no tuvieron el mínimo obstáculo para planificar un crimen en pleno centro y a la vista de todos.
Y ahora las preguntas ¿Será el primero?, ¿Será el único?, lo que no parece es que sea el último porque las balas sin disparar de calibre 40 encontradas en los cestos de basura del lugar indican en los código mafiosos que habrá "más tiros".
Esta vez lo vimos casi en directo, vimos a las víctimas y a los victimarios, vimos el fuego de los disparos y el dramatismo de una agonía y luego a los asesinos huyendo y saliendo de cocheras medio tambaleando quizás por el alcohol.
Cuál será el límite, qué nos pasa, estamos enfermos, estamos acostumbrándonos a ser cada vez peores y no pensamos en el final de esta historia donde todos estamos incluido, ¿entendió bien? Todos estamos incluidos.
[email protected]

Te puede interesar