No es la grieta

Editorial 09 de mayo de 2019 Por
PAGINA 2 EDITORIAL

Martín Lousteau divagaba el domingo pasado por radio sobre la trágica existencia de la "grieta" y sobre la necesidad de formar una amplia coalición oficialista con personajes tan irrelevantes como incompatibles, cuando una periodista le preguntó sobre la baja del gasto público, que es uno de los puntos del diálogo que propone el Gobierno a la oposición. Para salir del paso el exministro de Cristina Kirchner respondió retóricamente: ¿quién puede no estar de acuerdo con reducir el gasto público?
Sus interlocutores no le recordaron, quizás por decoro, que fue el inventor de la malhadada resolución 125, un intento de aumentar la presión impositiva que terminó en la primera gran derrota política del kirchnerismo y con su expulsión del Gabinete. Pero hicieron algo peor para él, le preguntaron qué gastos recortaría. Después de divagar un rato más habló de la obra pública innecesaria y de la publicidad oficial. No hubo repreguntas sobre qué obra puede resultar innecesaria en un país con una infraestructura africana, ni sobre qué porcentaje del déficit representa el gasto en publicidad.
Lejos de ser una excepción, Lousteau es una figura muy promocionada del "casting" 2019 como en su momento lo fueron Massa y Boudou. También una muestra perfecta de que el problema no es la grieta, sino el agotamiento de una dirigencia que pese a sus fracasos no ha sido relevada. El problema principal es la falta de ideas para salir de una crisis que ya dura 70 años y de la bobería, cuando no de la complicidad, de los medios que repiten incansablemente lugares comunes y oyen sin inmutarse los discursos vacíos de los candidatos. Para peor los políticos que repiten las fórmulas agotadas no son figuras de museo cercanas a la jubilación, sino jóvenes.
Esta última es una de las ventajas de las que goza Mauricio Macri sin haber hecho nada para merecerla: ninguna nueva figura ha surgido después de la devastación que causaron doce años de kirchnerismo sobre la clase política. Cristina Kirchner no solo bloqueó el crecimiento de figuras de su entorno que pudieran disputarle el poder, sino que destruyó el aparato del PJ en la provincia de Buenos Aires y se quedó con el voto del pobrerío en el conurbano así como con el de cierta clase media progresista. El de los planeros y el de los empleados públicos, dos especies que crecieron exponencialmente durante la década ganada.
Esto representa una verdadera tragedia para el peronismo que quedó fuera del poder y para los radicales, sometidos desde hace tres años a la voluntad de Macri. Por eso andan a la búsqueda de alianzas salvadoras para recuperar algún espacio en el choque que se avecina entre Macri y CFK.
De allí también que tanto para la dirigencia radical como para los peronistas sueltos el primer punto de la agenda no es resolver los problemas estructurales de la economía, sino los espacios de poder. Por eso la convocatoria nació muerta. El ajuste no lo pueden hacer los políticos, que son los principales responsables del déficit. Eso lo saben hasta los medios que reproducen el hastiante discurso de una dirigencia que perdió hasta la inventiva.
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