La televisión se va yendo

Cultura 23 de abril de 2019 Por
teve

Por: Alcides Castagno

La televisión se va yendo. Lenta, inexorablemente. La pantalla colorida limitada por unas cuantas pulgadas, resoplando colores y sonidos, se aleja poco a poco de sus clientes. La TV de Marley, Tinelli con todos sus satélites, el griterío de Kaczka, los plastificados de Moria y Florencia de la letra, los disparates de Lizzi, todo va deslizándose hacia el propio vacío que inventaron, como si hubieran creado su propio agujero negro.
En el rincón de los que resisten encontramos periodistas que reniegan del show que busca la exageración como sistema, donde un incendio es siempre un espectáculo dantesco, donde una congestión en el tránsito es un caos vehicular, donde una lluvia copiosa es un diluvio. En esa trinchera encontramos unos pocos que –se supone- son la avanzada de la supervivencia. Allí habrá que buscar a los informadores que presenten la realidad, la comenten sin tergiversarla ni segmentarla, en el momento mismo del hecho.

Inglesismos

Streaming es un anglicismo, palabra como casi todas las que gobiernan las nuevas herramientas, que refiere a un sistema que permite recibir en directo o en el momento que uno lo decida, programas y contenidos que están siendo o han sido emitidos. En algunos casos permiten la interacción entre emisor y receptor. La disponibilidad de teléfonos con acceso permanente a internet da su aporte para que las empresas descuiden las emisiones abiertas que requieren estar a determinada hora frente al televisor. Netflix, HBO, Amazon, Disney y otros en video, más Spotify y Dreezer en audio son claros ejemplos de captación de un público que opta la alternancia entre la TV deportiva/informativa y la plataforma streaming
En el ámbito radial la cosa no va muy lejos pero el alcance masivo de las ondas y la atomización de gustos y estilos facilitan una permanencia mayor, pero la búsqueda de contenidos es una realidad porque la vacuidad general también ha llegado a las radios aunque con menos contundencia que en la TV.

Cable al aire

En los años 60, en Estados Unidos –dónde sino- empezó a difundirse el fenómeno de la TV por cable porque las dos o tres cadenas, de tanto querer conformar a todos, no conformaban a nadie. A través de las montañas, donde las ondas se interrumpían, se inventó un sistema de transporte de ondas que luego llegaba a los hogares por cable. Esto se generalizó, en Argentina comenzó en La Falda para obviar el obstáculo de las sierras, y en Rafaela, al principio de los 80 comenzaron los primeros tendidos que entre tropiezos y transferencias, rige todavía hoy.
Si hacemos una analogía, encontramos que la TV abierta actual, de tanto querer conformar a todos, no conforma a casi nadie. Resiste, acaso para acompañar la permanencia de la señora Mirtha, uno de los laureles que supimos conseguir.

El Insultadero

Tenemos también entre nosotros, a guisa de entretenimiento, las llamadas redes sociales. Ellas nos permiten expresarnos, decir lo que no tenemos oportunidad de que nos escuchen, conocer, relacionarnos, aprender, enseñar. Es una herramienta magnífica, incomparable. Como herramienta que es, como si fuera un martillo, puede servir para aplastar una cabeza o ajustar un clavo. En los momentos de campaña merecen un neologismo inaugurado en este momento: el insultadero. Con la impunidad que da un seudónimo, una foto apócrifa o una procedencia ignota, muchas personas se dedican a emitir los insultos que jamás se animarían a decirle en la cara a alguien. Otros más hacen gala de la ortografía que no supieron aprender. Es un muestrario de la sociedad: los que hacen y los que rechazan. Buenos y malos, ilustres y miserables. Parafraseo: Comunicación, cuántos crímenes se cometen en tu nombre.

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