Francisco y la sombra de Ratzinger

Culto Católico 16 de abril de 2019 Por
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Por primera vez en seis años el Vaticano se queda chico para "dos Papas". O mejor dicho, para el Pontífice y para el emérito. Los "apuntes" de Benedicto XVI sobre la pederastia podrían llegar a crear una fracutra en esta situación única: la coexistencia de dos sucesores de San Pedro dentro del "recinto de Pedro". Hasta ahora, el equilibrio se había mantenido gracias a la relación afectuosa entre ambos, además de la prudencia del Papa emérito, pero ahora la Santa Sede sufre debido al peso de esta coexistencia. Se plantea, pues, una cuestión "consustancial" sobre el papel del Papa emérito.
Partiendo del presupuesto de que el Papa es el Obispo de Roma, quien subraya esta nueva cuestión alude a las indicaciones para "el ministerio de los obispos", en el que se lee: "El emérito desempeñará su actividad siempre de acuerdo y en dependencia del Obispo, para que todos comprendan claramente que solamente este último está encargado del gobierno". Los apuntes de Benedicto XVI sobre la pederastia abren la "consustancial" cuestión y desencadenan acusaciones a su entorno. Más allá del contenido del texto de Ratzinger (en el que critica la teología progresista y escribe que el colapso espiritual debido a la pederastia comenzó en el ’68), nunca como en esta ocasión la forma se convierte en contenido. En el Vaticano se vive un clima tenso, porque muchos consideran que con esta aparición, Ratzinger no ha permanecido "oculto al mundo" como había anunciado después de renunciar al Papado. Y agravando la situación, surge nuevamente el tema de la pederastia, decisivo en el Pontificado de Bergoglio y para toda la Iglesia.
La acusación es explícita: el Papa emérito interviene con un texto que puede representar "una línea pastoral y teológicamente paralela a la del Papa", por lo que se presta a ser instrumentalizado como arma por los adversarios de Francisco.
Entre todas las "rarezas" encontradas, está, por ejemplo, el descuido de casos emblemáticos como el de Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, que comenzó a cometer sus primeros abusos sexuales en la década de los años 40, mucho antes del ’68, y que no pertenecía precisamente de la corriente progresista. Al mismo tiempo las afirmaciones ratzingerianas son consideradas por la galaxia conservadora y tradicionalista de la Iglesia como palabras de verdad necesarias y urgentes para salvar la "barca de Pedro", que se estaría hundiendo. Un poco como "tuiteó" el cardenal Robert Sarah: "Debemos agradecer al Papa Emérito por haber tenido el valor de hablar. Su análisis de la crisis en la Iglesia es de fundamental importancia".

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