"Es increíble, nuestra historia se está haciendo humo"

Cultura 16 de abril de 2019 Por
Una multitud de parisinos y turistas estupefactos, algunos de ellos llorando y otros rezando, miraban con horror en el centro de París cómo las llamas devoraban la emblemática catedral de Notre Dame.

Exclamaciones y gritos de "Dios mío" empezaban a oírse cuando parte de la aguja se vino abajo, mientras las llamas se extendían por todo el techo. Segundos más tarde, las cámaras de cientos de teléfonos móviles captaban como el resto de la aguja se derrumbaba, en medio de gritos de estupor.
"París está desfigurada. La ciudad nunca será como era antes", declaró Philippe, un trabajador en comunicación de unos 30 años, que pasó en bicicleta después de que un amigo le avisara del incendio que se declaró en la catedral.
La policía trataba de alejar a los transeúntes de las dos islas del Sena, incluida la Isla de la Ciudad, el barrio parisino donde se ubica la catedral de estilo gótico, el monumento histórico emblemático de la religión cristiana y de la historia de París.
Pero una multitud de espectadores seguía intentando acercarse, dificultando el tráfico mientras se arremolinaban en los puentes de piedra que conducen a la isla. Otra mujer que se acercó estaba demasiado afectada -las lágrimas resbalaban por sus gafas- para hablar con los periodistas.
"Se acabó, no podremos volver a verla", dijo Jerome Fautrey, un hombre de 37 años que se desplazó a mirar el incendio. "Ahora necesitamos saber cómo ha ocurrido. Con todo lo que está pasando en el mundo ¿por qué Notre Dame? Quizás es un mensaje divino", agregó.
Un agente de policía que llegaba por uno de los puentes se dio media vuelta boquiabierto y exclamó: "Dios mío". "Es increíble, nuestra historia se está haciendo humo", dijo Benoit, de 42 años, que llegó al lugar en bicicleta para asistir a la tragedia, resumiendo el sentimiento general de conmoción.
Sam Ogden, de 50 años, llegó de Londres el lunes con su marido, sus dos hijos adolescentes, y su madre. Habían viajado a París específicamente para ver Notre Dame, como parte de una gira alrededor del mundo durante años para visitar lugares históricos.
"Esto es realmente triste [...] la cosa más triste que he presenciado y visto en mi vida", contó Ogden. Su madre, Mary Huxtable, de 73 años, dijo: "Esto [Notre Dame] estaba en mi lista de cosas para ver. Ahora nunca entraré". A poca distancia se encontraba otra familia británica, también de Londres. "Es devastador", comentó Nathalie Cadwallader, de 42 años, que había llegado a París dos días antes con su marido y sus dos hijos para una estancia en la capital francesa de una semana. "Es horrible que esto haya pasado, además de todo lo que ha vivido París recientemente", agregó en referencia a los atentados yihadistas de 2015. Su familia había planeado visitar Notre Dame el lunes pero lo cambiaron por la Torre Eiffel. Pensaban ir a la catedral el martes.
En la plaza de Saint-Michel, a pocos metros, vehículos de emergencia, bomberos y coches de policía pasaba con las sirenas resonando. La multitud se aglutinaba a orillas del Sena, donde caían cenizas, tomando fotos con sus teléfonos en las que se veían la nube de humo amarillo, las cenizas, el pánico, la tristeza. "Tiene mil años", explicaba con calma un hombre a su hija de unos diez años.

200 años

La catedral Notre Dame de París, que es devastada por un incendio, es un edificio emblemático de Francia y el monumento histórico más visitado de Europa. Entre 12 y 14 millones de personas, es decir una media de 35.000 por día, visitan cada año esta obra maestra de la arquitectura gótica, situada en la île de la Cité, en el corazón del París medieval.
Su construcción, iniciada a mediados del siglo XII, se prolongó durante unos 200 años. Durante la Revolución Francesa, la catedral sufrió numerosos actos vandálicos, en los que se desarmó su aguja, se saqueó su tesoro y las grandes estatuas del pórtico resultaron destruidas.
Los revolucionarios incluso organizaron un "culto de la razón" el 10 de noviembre de 1793, poco antes que el culto católico fuera prohibido en París. La catedral acabó transformada en almacén.
Devuelta al culto en 1802, se convertirá en el personaje central de una novela de Víctor Hugo publicada en 1831. Poco después, Eugène Viollet-le-Duc estará a cargo de su restauración. Trabajará hasta su muerte en estas inmensas obras durante dos décadas.
Notre Dame consiguió escapar indemne a las dos guerras mundiales. Sus campanas sonaron para anunciar, el 25 de agosto de 1944, la liberación de París. Mucho más recientemente, las nueve campanas gigantes de las catedral fueron reemplazadas en 2013. Su aguja, que cayó devorada por las llamas este lunes, estaba siendo renovada.

2.000 misas cada año

En su interior fue celebrada la victoria de la Segunda Guerra Mundial, el inicio del proceso de rehabilitación de Juana de Arco, la boda de Enrique de Navarra, futuro Enrique IV, con Marguerita de Valois y la coronación de Napoleón I. Más recientemente, se llevaron a cabo entre sus muros las ceremonias fúnebres en honor de los jefes de Estado, como Raymond Poincaré y el general Charles De Gaulle, y de grandes personajes, como el poeta Paul Claudel o el Abad Pierre.
La catedral, que también es un santuario mariano con rango de basílica, sigue asegurando sus funciones como edificio religioso: se celebran cinco misas diarias, y siete los domingos. Con las fiestas y las celebraciones excepcionales, son más de 2.000 misas al año.
Notre Dame es también el punto de salida kilométrica de todas las carreteras nacionales que salen de París. En estos últimos años, el edificio vivió a ritmo de las tragedias que golpearon el país. Sus campanas redoblaron al día siguiente del asesinato de los periodistas y dibujantes del diario satírico Charlie Hebdo en enero de 2015.
Las más altas autoridades civiles y religiosas se congregaron bajo sus bóvedas en julio de 2016 para rendir homenaje al padre Jacques Hamel, degollado por dos yihadistas en su iglesia cerca de Rouen, en el norte.
En septiembre de 2016, cerca de este símbolo de la ciudad, fue hallado un coche cargado con botellas de gas. Un comando de tres mujeres militantes del grupo yihadista Estado Islámico, lo había dejado allí. En junio de 2017, un yihadista actuando "por Siria" atacó a un policía con un martillo en la explanada delante de la catedral. AFP.

Te puede interesar