Donar vida

Editorial 15 de abril de 2019 Por
donarenvida

El primer trimestre del año resultó alentador para quienes esperan un órgano que puede salvar sus vidas: las cifras de donación y trasplante mantuvieron el gran impulso que dejó un 2018 récord y según el Incucai crecieron un 62% respecto al mismo trimestre del año anterior, permitiendo que 423 pacientes en lista de espera recibieran un trasplante que mejore su calidad de vida.
La cifra es más auspiciosa si se tiene en cuenta que el 2018 fue el mejor de la historia en esta materia, con más de 700 donaciones y casi 1.700 procedimientos de trasplante. La tasa de donación en el país creció al 15,75 donantes por millón, que ponen a nuestro país a la cabeza de Latinoamérica y por encima de varios países europeos en esta materia.
Hay muy pocas dudas de que este avance histórico para la salud se debe en buena medida a la aprobación de la denominada ley Justina, que entró en vigencia en agosto del año pasado y dispone que todas las personas mayores de 18 años son donantes de órganos o tejidos, salvo que en vida dejen constancia de lo contrario. La ley establece, entre otros aspectos, mejoras en los sistemas para la detección de donantes y los procedimientos de ablación. La ley fue inspirada en la historia de Justina Lo Cane, una nena de 12 años que murió en la Fundación Favaloro mientras aguardaba un trasplante de corazón.
La aprobación de la ley, que tuvo un consenso de todo el espectro político muy pocas veces visto, fue importante no solo porque desburocratizó y agilizó todo el sistema, sino porque el debate en el Congreso y en la opinión pública generó una enorme conciencia entre la población sobre la importancia de la donación de órganos.
Según cifras del organismo, desde la aprobación de la norma, la oposición de las familias a realizar donación de órganos descendió de un 40% a menos del 17%. El sistema también se ha federalizado. Al menos 18 jurisdicciones del país ya han realizado operaciones de ablación y donación, en más del 70% de los casos en establecimientos públicos.
Estas cifras hubieran sido imposibles de alcanzar sin la participación activa de la sociedad, la intervención de los profesionales de la salud de los hospitales de todo el país, que supieron interpretar el corazón de la norma, y el trabajo de los organismos provinciales de procuración del sistema sanitario argentino.
El éxito de la ley Justina ha llevado a nuevas iniciativas en la materia. En el Congreso está actualmente en debate un proyecto de ley para crear un laboratorio nacional de análisis genéticos, que acorte la espera para verificar la compatibilidad entre posibles donantes y receptores de médula ósea, que permite tratar a personas con leucemia o déficits inmunológicos severos. Actualmente el procedimiento de cotejo de compatibilidad demora entre 6 meses y un año, un plazo que puede resultar vital para el paciente.
Afortunadamente, la intensa labor de concientización que se realiza desde el Incucai, ministerios de Salud y establecimientos escolares ha derribado prejuicios y permitido que sobre todo los más jóvenes entiendan la importancia de la donación. Como informó hace poco este diario, la cantidad de donantes de médula ósea en el hospital Francisco López Lima creció un 160%, lo que le valió una distinción del Incucai, gracias en buena parte a una campaña mediática y en las redes de familiares de un nene de Roca con leucemia. Hoy se informa que varios jóvenes realizan una donación de sangre como primera actividad al cumplir los 18 años.
Resulta auspicioso que, sobre todo en las nuevas generaciones, haya calado hondo la idea de que ser donante permite salvar miles de vidas cada año, y que la clase dirigente haya entendido que en estos temas no existe grieta posible, ya que se trata de políticas de Estado básicas para mejorar la salud de nuestra población.
[email protected]

Te puede interesar