Cambio de estrategia

Enfoques 12 de febrero de 2019 Por
La columna de enfoques de hoy a cargo del Director de la Revista Imagen, Diego Dillenberger.
Diego Dillenberger - Enfoques

Por Diego Dillenberger* - En Colores Primarios, el film basado en el libro homónimo sobre la campaña electoral que llevó a Bill Clinton (interpretado por John Travolta) al poder en 1992, uno de los principales personajes en esa ficción basada en hechos muy reales es el asesor Richard Jemmons, interpretado por Billy Thornton. Pero el verdadero nombre del Jemmons de ficción era James Carville, un consultor político de Nueva Orleans que saltó a la fama mundial con ese film. Más tarde llegó a asesorar a Daniel Scioli, al que lo ayudó a ser gobernador y a reelegirse.
Carville inmortalizó una consigna a sus ghost writers de campaña: "Es la economía, estúpido". El mensaje fue supuestamente la clave para truncar la reelección de George Bush, protagonista en uno de esos raros momentos en los que las finanzas estadounidenses no eran lo mejor que tenía para mostrar el republicano "defensor del título".
Hoy el presidente Mauricio Macri se encuentra en una encrucijada de la que Carville pareciera estar sacándolo: la economía arroja por ahora solo malas noticias, y su gurú de cabecera, el ecuatoriano Jaime Durán Barba, habría bajado la consigna inversa: "de economía, ni hablar".
Resultado de esa orden de campaña es el esfuerzo comunicacional que el Gobierno está haciendo para instalar otros temas, como la inseguridad (pistolas Taser, baja de la edad de imputabilidad), corrupción (ley de extinción de dominio) y el liderazgo internacional del presidente Macri (la crisis de Venezuela).
Aunque estas inteligentes iniciativas para cambiar la agenda ayudan, no logran modificar la realidad que queda plasmada en todas las encuestas, de todos los colores políticos: la principal preocupación de los argentinos hoy es la economía.
Y por más que el gobierno busque esquivar el tema, no solo lo vuelve a traer a la agenda la oposición: la gente habla de economía, y mucho. Se queja y está de muy mal humor.
Toda la estrategia de Durán Barba parecía estar centrada en un altamente probable ballotage de Macri confrontando con la expresidente Cristina Kirchner. En la polarización, aun cuando hoy las encuestas estén arrojando paridad en esa hipotética segunda vuelta, Macri saldría ganador. Su mala imagen y la desilusión que causó en muchos de sus propios votantes es mucho menos gravosa que el pánico que genera en la mayoría del electorado la perspectiva de un regreso del kirchnerismo al poder. Eso no lo miden las encuestas, pero sí los matices que permiten identificar los focus group.
Pero una segunda vuelta ganada "por descarte" y sin mucho entusiasmo, como "mal menor", a Cambiemos difícilmente le sirva para enfrentar con más éxito el segundo mandato de Macri. Necesita un buen resultado en la primera vuelta. Principalmente porque precisa más de 36 o 37 por ciento de los votos para conservar su fuerza intacta en la Cámara de Diputados. Con un resultado global de 42 por ciento, como el que obtuvo en 2017, incluso podría arañar la mayoría propia en la cámara baja, lo que le daría una calidad muy distinta a la gobernabilidad en esa nueva y desafiante etapa en la que tendrá que lidiar con la herencia del kirchnerismo casi intacta más los importantes vencimientos de deuda que le esperan a partir de 2020.
Un buen resultado en primera vuelta ahora es más importante que antes, porque desde que la gobernadora María Eugenia Vidal aceptó no anticipar la elección bonaerense para "despegarse" del Presidente, depende de cuántos votos arrastre Macri en su boleta: en la provincia de Buenos Aires no hay ballotage, y es donde mejor mide la expresidente. Si Cristina Kirchner saca un voto más y logra arrastrar a su candidato a gobernador, Cambiemos perdería el principal distrito del país y varios municipios clave.
Por eso necesita mejorar las perspectivas electorales de la primera vuelta. La estrategia de polarizar con el kirchnerismo es necesaria, pero insuficiente.
El Gobierno es consciente de que en octubre de 2017, con una economía que empezaba a mostrar "brotes verdes", logró un excelente resultado y un importante aval político.
Más allá de que luego desaprovechó ese fuerte espaldarazo político, lo que en su momento movilizó al electorado a apoyar a los candidatos de Cambiemos fueron las expectativas económicas positivas: la mayoría de las encuestas ubicaba en 43% a los argentinos que respondían que esperaban que la economía estuviera mejor en 2018. Más allá de cómo se equivocaron los propios votantes: el resultado electoral en las legislativas de 2017, de 42% a favor de Cambiemos en todo el país, indica que para el gobierno de Macri las expectativas económicas son un importante predictor del resultado.
Hoy esas expectativas no están bien: la última encuesta nacional de D’Alessio IROL Berensztein muestra un optimismo económico hacia el futuro de 38% contra un pesimismo de 58. Y si bien esa pregunta no sirve para predecir la segunda vuelta -por el rechazo mayoritario a Cristina Kirchner- puede estar anticipando un resultado insuficiente en la primera vuelta para conservar la provincia de Buenos Aires y obtener gobernabilidad para un segundo mandato que arrancará con muchos más desafíos que el primero.
Y es aquí donde el equipo de comunicación de Macri descubrió que necesita el hasta ahora tan subestimado "círculo rojo". En el credo inicial de Durán Barba, el círculo rojo -un grupo difuso de líderes de opinión, profesionales altamente interesados en la actualidad, intelectuales, periodistas y empresarios que no llegaría ni al 5 por ciento del electorado- no interesa demasiado. No hace falta hablarle directamente porque piensan y actúan totalmente distinto que el resto de los votantes, que sí interesa para ganar elecciones.
El credo de Durán Barba no contemplaba que el "círculo rojo" genera climas de opinión fundamentales para mover al resto de la opinión pública.
Pero la realidad es que aún en la era de las redes sociales, los medios tradicionales y los analistas consultados por ellos, los economistas y todo tipo de fauna de ese círculo rojo siguen siendo los "influencers" clave en la generación de expectativas.
Y ahora quedó en evidencia que Macri empezó a hablarle a ese tan subestimado círculo rojo cuando empezó a trascender en los medios que había elegido al economista Miguel Angel Broda, uno de los más respetados por los integrantes del círculo rojo, para que armara un equipo de economistas -algunos incluso críticos del Gobierno- para que elaboren un programa económico para el próximo período: un plan global que vaya más allá del ajuste comprometido con el FMI y que no se agote en el arbitraje del tipo de cambio y la tasa de los bonos de corto plazo que pueda manejar el Banco Central.
Si ese plan realmente se ejecutará o no, es harina de otro costal. Lo relevante es que el Gobierno está dejando trascender dos mensajes clave que apuntan a que el "Círculo rojo" los baje al electorado para que mejoren las expectativas económicas aún en medio de un mar de malas noticias: que Macri entiende que algo no le salió bien en lo económico en su segundo mandato, y que está preparando algún tipo de plan económico para que el segundo mandato salga mejor.
Por más que la mayoría de los economistas espera un rebote de la coyuntura económica para el segundo semestre, que es cuando se va a votar y cuando más se lo necesita, un mejor humor social podría no traducirse tan automáticamente en mejora contundente de las expectativas: demasiado fresco está el repunte del segundo semestre de 2017 que quedó en la nada al año siguiente.
¿Qué quiere decir con ese juego de palabras? Que con evitar el regreso al poder de Cristina Kirchner ya no alcanza, y el Presidente tendría que instalar algún nuevo elemento para generar entusiasmo en los propios votantes "círculo rojo" para que puedan salir a contagiar a otros potenciales electores con la idea de que vale la pena un segundo período de Macri.

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