La culpa no es de la soja

Deportes 11 de febrero de 2019 Por
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"El futbol no puede ser una cuestión de pelotazos para arriba. La pelota tiene que estar en el suelo. Es como dijo aquel entrenador que, harto de que sus jugadores den patadones en cada jugada, paró el entrenamiento y agarró la pelota. ´¿Usted sabe lo que es esto?´, preguntó. ´Si, una pelota´, le dice el jugador ´Muy bien, perfecto. ¿Y de que está hecha?´. ´De cuero´. ´Pero muy bien otra vez. ¿Y el cuero de dónde sale?´. ´De la vaca´. ´¿Y que come la vaca?´ ´Pastos, la vaca come pastos´ ´Eso, eso, ahí es donde quiero la pelota, ¡en el pasto!´, le gritó desencajado", Alfredo Di Stéfano (exfutbolista y entrenador argentino naturalizado español, presidente de honor del Real Madrid hasta su muerte, considerado como uno de los mejores jugadores de la historia), en su libro Gracias, Vieja. Las memorias del mayor mito del fútbol.
No tenía ganas de ver fútbol, la verdad. Estoy de vacaciones en la playa y leyendo. En pocos días devoré por segunda vez el libro de don Alfredo y Las memorias de Pep Guardiola, otra manera de ganar. Después de sensibilizarme con lo de Emiliano Sala y del horror que me causó el incendio que mató pibes de la pensión de Flamengo, las muestras de solidaridad de ese mundo tan particular que es de la pelota me reconcilió con un deporte que en el 2.018 me sacó las ganas de verlo. Y los libros ayudaron, porque allí dos gigantes cuentan el juego que soñé desde pibe. Entonces sacudí las ojotas, guarde la sombrilla y me vine al departamento. Para qué, ¡para qué!, ¿Qué necesidad tenía de arruinar todo?
"Qué duro es ver que el monocultivo de la soja refleja el monocultivo de cerebros, la ineptitud de los funcionarios públicos y el silencio de la gente buena. Qué duro es saber que miles de Argentinos están expuestos a las bajas dosis de plaguicidas, y que miles de personas enferman y mueren para que China y Europa puedan alimentar su ganado con soja", dice el Dr. Raúl A. Montenegro, Biólogo, Presidente de FUNAM, Premio Nobel Alternativo 2004 (RLA-Estocolmo, Suecia). Y bueno, déjeme sacarme la bronca con estos tipos primero, porque nuestros rivales, los que nos ganaron, son el club Agropecuario Argentino de Carlos Casares. 620 kilómetros de nuestra ciudad, en medio de la provincia de Buenos Aires, ahí están. En una zona donde las localidades de Chacabuco, Chivilcoy, Junín, Nueve de Julio, Olavarría y Pigüé, conforman un polo en el que se concentra la mayor cantidad de aficionados al automovilismo. Allí donde Roberto Mouras es un mito a pesar de haber nacido en Moctezuma, tanto que la calle más importante lleva su nombre. Allí se le ocurrió a un poderoso sembrar la semilla del fútbol. Y germinó, gracias al favor del dinero, claro. Bernardo Grobocopatel, el empresario ahijado de Gustavo, el llamado "Rey de la Soja", fundó Agropecuario el 23 de agosto de 2011 y en menos de seis años lo puso en la máxima categoría del ascenso, un hecho sin precedentes en la historia del fútbol argentino. Pero claro, el dinero todo lo puede. El dinero de la soja, responsable de la deforestación, dicen. ¿Vio?, ese yuyo (Cristina dixit) es el que calienta todo. No sabe cómo estoy yo, por ejemplo.
Ahora vayamos a los nuestros. ¿Usted vio cómo defendemos? Bueno, lo de defender es una forma de decir. Menos mal que Macagno volvió a ser el arquero que casi arruina el seleccionado, que si no era derrota y papelón. En la síntesis, en este mismo diario, los periodistas serios le van a explicar cuáles son las dificultades que se nos presentaron para seguir perdiendo y estar apenas 18 en esa tabla que pretendíamos encabezar o al menos pelear para volver donde estuvimos no hace mucho. Yo soy hincha, estoy de vacaciones y ni siquiera comparto estos días con otro hincha con quién descargarme. Entonces se lo digo como en el tablón. Los nuestros juegan fiero, pero muy fiero. No dan dos pases seguidos, no le apuntan al arco y la defensa es indefendible. Es hora que los que armaron el plantel hablen, porque a los que tienen que armar el equipo y jugar ya no quiero escucharlos. Solo espero que se enojen y me hagan callar con sus actuaciones dentro de la cancha.
Listo, me vuelvo a poner las ojotas, agarro el sillón y me voy a leer a la playa en la noche. Otra vez a Don Alfredo y por lo menos un par de veces a Pep. A ver si a la madrugada se me pasa.

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