Contra Forni y la cúpula policial, "nada personal"

Locales 09 de febrero de 2019 Por
Tres de los últimos cuatro jefes de la Regional V de Policía enfrentaron sus últimos días de gestión al frente de la repartición habiendo perdido el respaldo del intendente Luis Castellano.
Fachada Jefatura 1
- Archivo

Fueron los casos de Daniel Alcaraz –rafaelino, compañero de estudios del intendente en épocas escolares-, Carlos Pross y el actual jefe, Fabián Forni, quien se retirará en las próximas semanas para acogerse a los beneficios de la jubilación. El único que no alcanzó a entrar en el "freezer" municipal fue Adrián Rodríguez, quizás porque su traumática salida –se lo llevaron de la Jefatura en condición de detenido, en medio del escándalo por una investigación en la que terminó libre de responsabilidades- fue antes que se revelaran las escuchas de sus conversaciones telefónicas con el ministro Maximiliano Pullaro.
Alcaraz disfruta ahora del retiro, pero a Pross –de calificados méritos en su carrera- su alejamiento de Rafaela le cayó como anillo al dedo: tras un paso por una Regional de menor importancia, pasó a revistar en la plana mayor provincial y ahora es el Subjefe de la policía provincial.
¿Qué significan estos datos? Simplemente que las relaciones de Castellano con la jerarquía policial local nunca fueron buenas. El intendente nunca entendió los códigos particulares que deben manejarse con la cúpula de una fuerza en donde prima la verticalidad como concepto de mando. Y tampoco parece haber comprendido la idiosincrasia de los hombres de uniforme. La autoridad política de la ciudad puede estar más o menos conforme con el accionar de la fuerza policial y de su conducción táctica en el territorio. Lo que no puede permitirse es hacerse cargo de decisiones –un relevo, por ejemplo- para el cual no tiene facultades.
A medida que pasan los días está claro que Castellano –más que probablemente impulsado por la mesa chica de conducción del peronismo local, es decir, la tríada que conforman el senador Omar Perotti, el diputado Roberto Mirabella y el senador Alcides Calvo- cometió un grueso error al pedir la remoción de Forni. En todo caso lo que pudo hacer es exigir que la autoridad política de la provincia tome las decisiones que le competen para asegurar el servicio de seguridad en Rafaela. Incluso pidiendo que se revise el trabajo de la conducción policial y se evalúe de manera convincente su desempeño, dejando la libertad de la decisión última al Ejecutivo provincial. En cambio, las declaraciones del sábado pasado sonaron a ultimátum. Y a ningún político, menos al gobernador, le gustan los ultimátums.
El pedido de remoción de Forni y su plana mayor no fue una reacción histérica, como pretendió minimizar el secretario de Coordinación de la provincia, Pablo Cococcioni, desconociendo el alto nivel de malestar que existe en la comunidad rafaelina por lo que pasa a diario en las calles de la ciudad, que por otra parte no es muy distinto a lo que se replica –respetando las proporciones- en pueblos del departamento y en otras ciudades de la Provincia. Fue, en cambio, un emergente de la impotencia. Hay que estar en el sillón principal de Moreno 8, recibir todos los días el malhumor de la sociedad por la inseguridad y tener las manos atadas –por infinidad de factores- para dar las respuestas necesarias. Castellano siente esa presión y no la soporta, por eso trata de transferirla. Puede tener la razón de su parte. O puede cometer errores que lo desnudan políticamente.
Ayer, luego de la reunión del Consejo Consultivo, Delvis Bodoira declaró –sobre la polémica suscitada por el pedido de remoción de Forni- que "acá no hay ninguna situación personal, ni con el jefe de policía ni con la cúpula. Nosotros queremos seguridad para todos los rafaelinos, que es lo que nos pide el vecino que nos para en la calle, en el súper. Nosotros vivimos acá, nuestros hijos se crían acá y no es la ciudad que queremos". Eso también se lo dijo –según las referencias que distintas fuentes confiaron a este diario- el propio intendente a los integrantes del Consejo Consultivo.
"No hay nada personal". El problema es que Forni sí lo considera personal. "Desde el primer día que llegué pidió mi currículum y no sé cuántas cosas. Nunca vino a verme", declaró el miércoles. "No tengo un bulón en el traste" y "algunos mueven la lengua antes que las neuronas", fueron otras de sus fuertes palabras públicas. Los puentes ya no están. Y el próximo capítulo de esta historia se escribirá el lunes, cuando el propio gobernador Miguel Lifschitz esté en Rafaela: con las respuestas que llegaron de Santa Fe esta semana no alcanza para bajar la fiebre de la inseguridad. Con las palabras para la tribuna, tampoco.

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