A 30 años del ascenso que marcó la historia futbolística e institucional

Especiales 13 de enero de 2019 Por
La temporada 1988 de Liga Rafaelina fue toda de Atlético.
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1 / 3 - El plantel que logró el histórico ascenso a la B Nacional. - Twitter Diego Grassino

En la final del 87 ante 9 de Julio, el equipo de "Gare" Gentile sumó confianza y un par de refuerzos de jerarquía: Carlos Marcelo Fuentes y Juan Ramón Poelman, más el retorno de Fabián Giordano, un hijo de la casa. Una delantera contra la que ni siquiera las expeditivas defensas liguistas pudieron hacer pie, completando un elenco sin fisuras. La clasificación para el Torneo del Interior 1988 fue un trámite.
Antes de ello, un almuerzo. Uno de aquellos típicos encuentros celestes en el "Casarín", muy recordado por el discurso del capitán del equipo, un tal Gustavo Alfaro. "Lechuga" terminó de motivar a los cremosos, fuera y dentro del club, y la institución se decidió a dar el gran salto. Lo concreto es que aquel plantel, comandado por Gentile y Sergio Chiarelli dentro del campo y por "Cacho" Carlucci y Egidio Bocco, reemplazado más adelante por Silvio Fontanet, en la administración, se decidió a hacer historia.
Desde el Torneo del Interior se evidenció estar frente a una cosa seria. El Expreso de El Trébol, Sportivo del Norte de Esperanza y Oriental de Rosario no le hicieron ni cosquillas al elenco que habitualmente conformaron Caio Marino; Ricardo Fertonani, Hugo Querini, Pablo de las Mercedes Cárdenas y Dante Fontana; Osvaldo Diosnel Mazo, Gustavo Alfaro, Esteban Bernasconi y Walter Gómez; Carlos Marcelo Fuentes y Juan Ramón Poelmann.
Para la segunda fase llegó la semi profesionalización, pero además el club le dio un salto de calidad aún superior al equipo. Llegaron Rubén César, quien gustó en los enfrentamientos ante Oriental de Rosario, Javier Berzero, joven promesa local surgido en Sportivo Norte, un fenómeno llamado Antonio Sánchez Astrolog y, tal como dijo "Gare", el "chico 10", bautizado por el querido "Flaco" Foglia como el "Maradona Rafaelino": Marcelo López. La única pálida de la segunda fase fue la tremenda lesión de Antonio, que terminó siendo otra inyección anímica para un equipo de hombres.
Pasaron Riveras del Paraná de Villa Constitución, Huracán de Vera, Unión Agrarios de Cerrito, Guaraní Antonio Franco de Paso de los Libres y el Patronato de Paraná de Pucheta, Dalmasso, Comas y Grillo, acaso el rival más fuerte enfrentado hasta allí, que puso en duda incluso el notable invicto de Atlético en esa campaña.
Llegó el turno del octogonal final, llamado en ese momento el Zonal Noroeste. Nombres de fuste, equipos de temer, sedes siniestras para subir los últimos escalones. La primera parada, Estudiantes de Río Cuarto, otro grande del interior. 2-1 casa y 2-0 en Córdoba, en un partido que no terminó, por serios incidentes. La segunda llave frente al Laferrere de Maciel, Núñez, Landaburu y las mañas de la "B" Metropolitana encima. Dos partidos sin goles y los penales en el Gran Buenos Aires, en otro milagro del gran "Caio" Marino. La final es conocida por todos. 3 a 1 a Atlético Ledesma en casa, 3 a 0 eterno en Libertador General San Martín.
Algunas veces se ha tocado en ámbitos futboleros el tema "el equipo ideal". Ese equipo que tenga una propuesta saludable, pero que no muera en un solo libreto. Que intente siempre jugar por abajo, pero que sepa cuándo usar el pelotazo preciso. Que tenga un andar parsimonioso a través del dominio de la pelota, pero sepa cuándo y cómo acelerar. Que intente ser protagonista durante los 90 minutos de un partido, pero que no dude al momento de levantar un rival por el aire en busca de la pelota. Un equipo en el que todo un club y su idiosincrasia y toda una ciudad y su pujanza se identifiquen. Y por sobre todas las cosas, un equipo, un conjunto en el que sus individualidades y voluntades se conjuguen para un fin común, determinado, específico. Si es que alguna vez existió tal equipo, seguramente fue muy similar al de Atlético 1989.

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