LA VIJÀ

Cultura 12 de enero de 2019 Por
En la era de la web y los celulares es difícil pensar que para compartir una receta, oír una canción, escuchar una leyenda, jugar, se pudiese reunir en un lugar preestablecido, donde hablar cara a cara.

En los primeros años del 900 todos los hogares tenían un pequeño establo construido generalmente al lado de la casa, esto por razones económicas -se economizaba una pared- y práctico -se podía acceder directamente desde la cocina por una puerta interna- y en él reunían unas pocas cabezas de ganado (generalmente un par de vacas y algunas ovejas o cabras).
La vida era muy dura: en verano las familias que tenían más animales subían a las montañas para alimentarlos y en invierno bajaban al pueblo acompañados por un fiel perro pastor. La práctica de la cría de ganado era esencial para la supervivencia de la comunidad alpina. Las vacas y cabras se utilizan principalmente para la producción de leche y los ovinos para leche, carne y lana. No faltaban las aves de corral: gallinas ponedoras y a veces incluso patos.
En muchas zonas del Piamonte la gente del campo transcurría las noches de invierno en el establo, el suyo o el de algún amigo, para disfrutar del calor que en los hogares no existía, especialmente en los dormitorios, donde cada mañana los vidrios de las ventanas aparecían diseñados por el hielo.
Desde noviembre, cuando la luz desaparecía bajo una espesa capa de nubes bajas y la noche era completamente negra, delante de la chimenea, iluminados por una tenue luz procedente de una lámpara, había poco que hacer.
El establo era el ambiente símbolo del montañero, que en las prácticas agrícolas y en el cambio de las estaciones, perpetuaba gestos y costumbres seculares.
Desarrollaba múltiples funciones: era un refugio para los animales, pero, en la estación fría, también un lugar de socialización, dormitorio y cama caliente para los enfermos y ancianos.
Pero ¿qué significado tiene este extraño sustantivo, la "Vijà"? En piamontés significa "velar, estar despierto". En la cultura campesina del pasado existía la costumbre de cenar muy temprano y luego encontrarse en el establo, con su propia familia o entre familias vecinas.
El establo era una especie de sala de estar donde todos eran bienvenidos.
La vigilia era una mezcla de canciones, cuentos, oraciones, trabajos, juegos, para personas de todas las edades que se reunían al calor del establo.
Era la manera más viva de transmitir la historia, las tradiciones, los trabajos, las costumbres, para enseñar formas de hacer compartidas, para apreciar la sabiduría de los ancianos, para ayudarse mutuamente, o simplemente para hablar.
Para los vijor, es decir, los participantes, era un momento importante para la socialización, donde las personas sabían que no estaban solas, sino consolidando una relación muy profunda.
Naturalmente, hoy es una costumbre, por así decirlo, "fuera de tiempo" y sería anacrónico proponerla como era. Sin embargo, no estaría fuera de lugar que todos sintiesen la necesidad de redescubrir sus raíces o simplemente estar juntos, lejos del ruido ensordecedor de demasiadas palabras innecesarias.
La Vijà era animada por cuentos, fábulas, chistes, narraciones de hechos ocurridos o imaginarios.
Una Vigilia Campesina, un mundo simple pero lleno de vida, de imaginación, de miseria, sufrimientos, de afectos, dramas, riqueza, pobreza y alegría, todo encarnado por las personalidades típicas del mundo rural y la participación en la vida cultural que brota de la tierra: el usurero, el arreglador de matrimonios, la partera, el partisano, el cosechero, el viñatero, las brujas, los peones y muchos otros.
Los hombres hablaban de cosas del campo y de planes futuros, o reparaban las herramientas. A veces jugaban a las cartas, mientras los ancianos brindaban consejos y asesoramiento a los más jóvenes y menos experimentados.
Las mujeres charlaban hilando la lana, cosían, zurcían. Los jóvenes, bajo el ojo vigilante de los padres, aprovechaban para hablar de amor.
Pero, quienes más se divertían eran los niños, que libres, saltaban de cabeza en el heno o jugaban con las sombras producidas por la luz, y cuando eran vencidos por el agotamiento, escuchaban las historias que eran contadas por alguien que conocía el arte de narrar -especialmente las abuelas-
Los niños mayores escuchaban con la boca abierta y un poco de temor hablar de ogros, lobos y brujas, hasta el punto de que cuando volvían a casa, miraban a su alrededor con cautela y apretaban fuerte la mano de la madre, para sentir seguridad.
Los más pequeños, en cambio, se quedaban dormidos sobre la paja, cálida y fragante, arrullados por el rumiar de las vacas.
Los acontecimientos de las brujas eran el tema principal durante las noches invernales, en un ambiente impregnado de referencias a la superstición de estos seres en los que confluían las características de las brujas y los fantasmas, y también las de los espíritus traviesos, más que malvados.
En contraposición a los espíritus malignos, los ancianos contaban del desfile de hadas sobre una montaña cercana, donde estas agraciadas criaturas tenían su lugar de encuentro para escapar de la curiosidad de los seres humanos.
Las vacas, felices de esta compañía, con su aliento, lograban calentar el ambiente mejor que un calentador. El fuerte olor que provenía de toda esta humanidad no molestaba mucho las narices de los presentes, acostumbrados a otros efluvios.
A veces se oraba. Especialmente cuando alguien moría, se rezaba el rosario, recordando también a sus muertos.
En un momento determinado, alguien daba una señal, y en pocos minutos, todos regresaban a sus hogares, dejando finalmente a los rumiantes en su intimidad.
Y los niños, ebrios de felicidad, se enfrentaron el frío de los dormitorios y de inmediato se hundían en un sueño reparador.
Transcurrían así un par de horas, en amistad, disfrutando del descanso forzado que el invierno imponía, en espera de la primavera que traería trabajo para todos.
Era un mundo ingenuo, simple, pero un presagio de una nueva vida, que se consolaba y disfrutaba con lo que tenía a mano, donde la honestidad y la amistad eran valores primarios.

Te puede interesar