El futuro es de los emprendedores

Editorial 12 de enero de 2019 Por
Proyecto un futuro sin imposibles, donde el individuo será más poderoso que nunca, con un impacto multiplicado por las comunidades de las que forme parte, ligadas por propósito, pasión, visión y valores.
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 El concepto de empleado será reemplazado por el de emprendedor, en una evolución y combinación de los actuales freelancers y empresarios.
Veo un entramado de emprendedores colaborando desde sus intereses, sus habilidades y sus talentos en proyectos comunes, dinámicos, sin fronteras geográficas, algo de lo que hoy estamos viendo surgir como crowdsourcing. No veo relación de dependencia, ni jefes: simplemente individuos autónomos u organizaciones temporales formadas para trabajar en conjunto. Las organizaciones horizontales se impondrán sobre las verticales y veremos la decadencia de las corporaciones actuales, cargadas de costos fijos, lentas, inflexibles, que deberán adaptarse o devenir presas fáciles de la disrupción tecnológica.
Las nuevas metodologías para emprender e innovar están comenzando lentamente a ser entendidas, ya que son fácilmente accesibles para cualquier persona y, además, implican una revolución en los negocios. Ya no se necesita inversión, o incurrir en grandes riesgos económicos o financieros para emprender. El efecto Nike llevó a la mayoría de las corporaciones a desarrollar poderosos proveedores y tercerizar en ellos producción, logística y otras áreas claves. Estos mismos proveedores facilitan el triunfo de los emprendedores brindándoles su capacidad ociosa y permitiéndoles operar con una estructura de costos muy competitiva.
Anticipo, a su vez, fuertes cambios en el sistema educativo, reemplazando gradualmente el saber absoluto, los programas oficiales, las estructuras y el rol jerárquico docente por un esquema descentralizado de aprendizaje continuo, mentoreo, liderazgo moral, autoaprendizaje y donde cada individuo tendrá el doble rol de aprender, enseñar y compartir. Este cambio ya está en marcha y son innumerables las fuentes de aprendizaje disponibles para todos. En este sentido, ya no será el dinero el principal motivador y perderán fuerza los incentivos económicos. Me animo a decir que incluso ese emprender llegará a ser voluntario, pues los bienes y los servicios serán abundantes, con costos marginales cercanos a cero, producción descentralizada a través de lo que hoy inicia como impresión 3D y la presencia de robots, e inteligencia artificial ocupándose de toda serie de funciones e integrándose a nuestras vidas.
Ya existe en muchos países desarrollados la discusión sobre la implementación del salario básico universal, financiado por la abundancia productiva. La llamada shared economy, por ejemplo, en el transporte, como Uber, y alojamiento en vacaciones, como AirBnb, se extenderá a todos los ámbitos de nuestras vidas como la vivienda, restando importancia a los bienes y celebrando el desapego, que junto a los fuertes avances en transporte y comunicaciones nos impulsarán a todos a ser ciudadanos globales, como hoy ya practicamos muchos nómades digitales.
Insisto en que hasta el libro de ciencia ficción más ambicioso que se haya escrito quedará obsoleto en tan solo unas décadas.
El futuro trae enormes desafíos y oportunidades. Todo individuo será cada vez más poderoso a través de su accionar, su palabra, y sobre todo su silencio o su inacción. Los valores, la aceptación de la diversidad, la tolerancia, el respeto y el cuidado del otro pasarán a ser nuestra cualidad más importante para conservar optimismo sobre el futuro y brindar un mundo mejor a nuestras próximas generaciones. Debemos ser cuidadosos con toda fragmentación derivada de diferencias ideológicas que lleve al agravio, la agresión y el conflicto creciente, pues los dilemas morales que hoy afrontamos recién están comenzando.
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