Las low cost y los gremios high cost

Editorial 10 de enero de 2019 Por
No solo para los que viajan en avión, la noticia de que el Gobierno autorizó un sindicato de empresa en Flybondi es un sencillo y único interrogante: qué significa o significará.
EDITORIAL JUEVES

Por el momento, evitar o tratar de evitar que el peso de la mochila gremial le doble la espalda a una low cost que en un año ya transporta al 10% de los pasajeros locales. Se ha expandido hasta convertirse en el tercer operador, detrás de Aerolíneas y Latam.
Hay otra cosa por debajo que no se ve pero que todo el que quiera puede ver: si será solo una cuña en el poder del dividido mosaico gremial aeronáutico o un paso contra el modelo argentino de sindicato único.
Los sindicatos de empresa son pocos y son legales. Y son muy cuestionados por el sindicalismo peronista. En la forma los considera una maniobra para debilitar la defensa de los trabajadores y el poder de negociación de los trabajadores. En los hechos lo que implica es debilitar su propio poder.
El sindicato de Flybondi está en proceso de inscripción. Debe presentar estatutos y sobre todo cantidad suficiente de afiliados. Recién entonces podrá tener delegados. Pero aun así le faltará completar otro trámite. O mejor dicho, el trámite principal: la personería gremial, la credencial única concedida por el Estado que permite discutir con la empresa salarios y condiciones de trabajo.
En ninguna actividad operan tantos gremios como en las aerolíneas. Ocho en total, seis con personería gremial y otros dos solo con personería jurídica. Sus dirigentes compiten y hacen alianzas todo el tiempo y se alinean con diferentes grupos políticos. Para las empresas es un sistema inmanejable: cualquiera puede frenar o entorpecer los vuelos y eso se ve todo el tiempo.
En 2018 hubo siete paros totales, varios de ellos salvajes. Predominan gremialistas opositores al Gobierno. Kirchneristas en su mayoría, otros cercanos a Moyano y otros antimacristas viscerales de la CTA. En esa constelación brilla Pablo Biró, una rareza por duplicado: cristinista y desaforado en un sindicato casi aristocrático como el de los pilotos.
Caos y reclamos de los pasajeros en Aeroparque, durante el paro que los gremios de Aerolíneas realizaron el 8 de noviembre del año pasado.
Biró milita en la Corriente Federal a la que ahora se acercó Ricardo Cirielli de los técnicos (APTA), ex barrionuevista y funcionario con Kirchner a quien en su momento denunció por corrupción. Juan Pablo Brey, de los Aeronavegantes (AAA) está con Moyano y Egdardo Llana, de los maleteros de APA es el segundo de Yasky en la CTA. Rubén Fernández, de los jerárquicos, es independiente como Cristian Erhardt, de los pilotos de Austral.
Por fuera de estos seis gremios con personería gremial, dentro de Latam hay otros dos sólo con personería jurídica: ATCPEA que compite por los tripulantes de cabina con la AAA y USTARA que le pelea a APTA el encuadramiento de los técnicos de vuelo. Perdón por este barullo de siglas.
El caso Flybondi guarda analogías con el de los metrodelegados, que armaron un sindicato de empresa en pelea con la UTA. Y también una diferencia: la de los metrodelegados es una estructura surgida desde abajo. En Flybondi, la mano parece venir al revés.
Las low cost meten ruido y competencia a fondo en el mercado y en el mundo sindical. Pero es un proceso que llegó para quedarse.
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