Rosario Central rompió el maleficio y se consagró campeón

Deportes 08 de diciembre de 2018 Por
En Mendoza, el Canalla ganaba con gol de Fernando Zampedri, pero Lorenzo Faravelli puso el 1-1. En los tiros desde el punto penal, el equipo de Bauza ganó 4-1 y logró el título que, además, le da un pasaje a la próxima Copa Libertadores.
Central

Llora Central. Llora de alegría. Lloran y se abrazan sus hinchas, desencajados. Lloran y no lo pueden creer. O sí. Porque Central es campeón. Entonces gritan y se pellizcan para confirmar que no es un sueño. Que después de tres finales perdidas, la cuarta fue la vencida. Y la Copa Argentina, que se hizo desear, finalmente se fue a Rosario. Cuando el penal de Matías Caruzzo explotó en el fondo de la red, apareció la locura rosarina. De esos casi 20.000 fanáticos que llegaron a Mendoza ilusionados con un festejo tan grande que ni el más optimista podía imaginar.
La previa fue una gran fiesta. De un lado y del otro. Con un estadio colmado, dividido en mitades iguales. Con un espectáculo artístico y un recibimiento a los equipos a la altura del acontecimiento. Una postal tan perfecta que no parecía fútbol argentino. Con más de 35 mil personas enloquecidas, con pasión, con folklore, con las dos hinchadas poniendo todo el color y el calor que se merecía esta final.
El partido se jugó como lo que era. Porque tanto para Gimnasia como para Central fue su final del mundo. Con pocos espacios, con pierna fuerte, con nervios, con discusiones. En ese desarrollo, fue superior el equipo platense. O al menos el que más tiempo pudo plasmar en la cancha su plan. Fue más intenso el conjunto de Pedro Troglio. Con Fabián Rinaudo como emblema de la lucha en la mitad de la cancha, ganó la mayoría de las pelotas divididas. El capitán se paró delante de los cuatro defensores y atrás de un cuarteto de mediocampistas encargados de acompañar a Santiago Silva. Y con sus relevos y despliegue, no dejó retroceder a su equipo.
Central fue más confuso. Fue dominado en gran parte del partido pero tiene poder de fuego. Por eso, en su primera llegada al área rival, Fernando Zampedri peleó, no se resignó cuando su remate rebotó en el palo y su persistencia tuvo premio cuando la pelota le volvió a quedar enfrente para mandarla al fondo del arco.
Las molestias físicas no le permitieron a Leonardo Gil ser el motor habitual de su equipo y Néstor Ortigoza nunca pudo jugar cómodo ante la presión de Gimnasia. Entonces, con un mediocampo superado por su rival, la llave que encontró Central para lastimar fueron los centros. Así Zampedri estuvo muy cerca del segundo con un cabezazo que Alexis Martin Arias alcanzó a desviar al corner con sus dedos. Tardó muy poco Gimnasia en conseguir el empate en el complemento. Lorenzo Faravelli le robó la pelota a Gil en la mitad de la cancha y aceleró para llegar al área, donde esperó el centro de Comba para marcar y festejar, desafiante, frente al banco de Central.
A Rosario le dolió el golpe. Se había preparado para resistir y buscar de contra, pero tuvo que modificar el plan ideado por Bauza. No tuvo herramientas para acercarse al arco rival y entonces decidió resguardarse. A Gimnasia no le sobraron ideas, pero estuvo más cerca de la victoria con ese cabezazo de Santiago Silva que Jeremías Ledesma rechazó al corner con esfuerzo. El partido transcurrió con tensión y pocas emociones. Esas emociones que aparecieron todas juntas en la tanda de penales. Como un guiño del destino, esta vez Central no tuvo que sufrir demasiado. Porque el remate de Silva terminó en la tribuna y el Guanini fue contenido por Ledesma y el palo.
En cambio el campeón no falló. Ortigoza, Ruben, Parot y finalmente Caruzzo le dieron a Central la Copa que tanto esperó. Y la clasificación a la Libertadores 2019. Y un festejo inolvidable para esos locos que siguen pellizcándose para confirmar que lo que pasó en Mendoza es cierto.

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