Los cafés históricos de Turín

Cultura 08 de diciembre de 2018 Por
En algunos lugares en Turín, el tiempo parece haberse detenido en una época de carruajes y caballos, un tiempo en que todo parecía fluir más lento a pesar de los grandes cambios históricos que se estaban produciendo.

Entre sus terciopelos, delante de sus espejos, se discutió el destino de un reino, se fundaron círculos culturales, se chismeó, amó, odió, rió y lloró.
En una ciudad como Turín, donde se respira una atmósfera histórica y cultural, contribuyen a dar una imagen de elegancia y refinamiento los muchos cafés históricos, legendarios puntos de encuentro y entretenimiento de la alta burguesía y de personajes famosos que, entre un café, un chocolate, un vermut y un pastelito inspiraron páginas de historia y de arte.
Los antiguos locales del 1800, una de las glorias de la ciudad, se mantuvieron con inteligencia lo mejor posible como en los tiempos de su nacimiento, con los muebles, los estucos, mármoles, espejos, paneles de madera, tapicería de raso y terciopelo, lámparas elegantes y platos de porcelana, típicos de estos locales, cosa que desgraciadamente no ocurrió en otras ciudades del Piamonte, donde los cafés históricos han sido transformados en bares o tiendas, destruyendo estructuras arquitectónicas y muebles de época.
Los Cafés Históricos son parte de la costumbre y la cultura de la ciudad, una visita obligada para disfrutar de las especialidades de la repostería subalpina en un ambiente único de elegancia y estilo.
Además de café y sus variantes, sirven e incluso producen, sublimes helados, tortas, caramelos, pasteles, y por supuesto, chocolate.
Junto con las confiterías y chocolaterías, aún hoy son frecuentados por todos: estudiantes, señoras y señoritas enjoyadas, artistas, empleados, abogados, familias y, en los últimos años, también turistas de todo el mundo.
El más antiguo es el Caffè Ristorante del Cambio, abierto en 1757 frente al palacio Carignano, una obra maestra de Guarini. En 1848 el palacio se convirtió en sede del parlamento Subalpino, de la cual Cavour salía con breves pausas para tomar el desayuno en la cafetería, con el tácito acuerdo con su secretario, que desde la ventana de la oficina le haría señas de volver en caso de necesidad. Fue inmortalizado en una alegoría junto con su hombre de confianza Costantino Nigra.
El local conserva la mesa a la que se sentaba Camillo Benso conde de Cavour, primer Presidente del Concejo del Reino de Italia, entre el lujo de espejos, terciopelos rojos, estucos y oro, todavía intactos y disfrutaba de la buena comida como cualquier mortal.
Reconocido como el emblema de la cultura turinesa, por sus salones, en los años entre 1821 y 1861, pasaron los hombres y mujeres que han hecho la historia de Italia. A sus mesas, durante al menos tres siglos, se sentaron las personalidades que se han destacado y han contribuido a la política, la literatura, el teatro, la música, la ciencia, la filosofía, el amor y el arte.
Cavour era un habitual, Casanova, Puccini, Balzac, Nietzsche, Verdi, Marinetti, D’Annunzio, Rattazzi, Lamarmora y Depretis, la familia Agnelli y el escritor Mario Soldati son solo algunos de los distinguidos huéspedes de Del Cambio, al igual que las fascinantes divas como Eleonora Duse, Maria Callas y Audrey Hepburn, grandes aficionadas a sus salones.
Incluso con el nombre del restaurante se transmiten varias fábulas. Se cree que el "cambio" podría ser el de los caballos de posta de los viajeros en tránsito hacia y desde París, que solían detenerse en esa zona, o tal vez el cambio de la moneda, ya que la plaza era lugar de encuentro de la "gente de negocios y comercio". Según otros, el café era el hogar de "la bolsa de los negociantes"... y la historia continúa.
Actualmente, con la cuidadosa restauración y espíritu moderno, acoge en la histórica y espléndida sala Resurgimiento, en las nuevas salas con obras de grandes artistas contemporáneos y en la boutique gourmet, nacida en la antigua farmacia adyacente.
Al Bicerin, golosa tradición turinesa, abrió en 1763, donde todavía se puede saborear el café, crema y chocolate después de visitar el Santuario de la Consolata, mezclando felizmente lo sagrado con lo profano, en el pequeñísimo local, tal vez el más pequeño existente, donde todo ha permanecido como cuando lo visitaban Dumas, el patriota Silvio Pellico y el compositor Giacomo Puccini, que vivía muy cerca; el filósofo Nietzsche, el ministro Cavour, el poeta Gozzano, los escritores Calvino y Soldati y la reina del teatro de revista Wanda Osiris.
Originales el exterior e interior, que documentan fielmente el aspecto tradicional de las chocolaterías turinesas del 1800.
Al Caffè Fiorio, de 1780, con frescos de Gonin, llamado "Café de Maquiavelo" o "De las Coletas" debido a que era frecuentado por clientes conservadores, desde nobles a altos oficiales en uniformes, concurrían también intelectuales y políticos como Cavour, Roberto D’Azeglio, Rattazzi, Santorre Santarosa.
Friedrich Nietzsche y Cesare Pavese, gracias a la dulzura del helado, se olvidaban, por un momento, uno, de la exaltación de la voluntad de poder del superhombre, el otro de la búsqueda de la realidad interior y la angustia existencial, ambos abandonando instintos suicidas.
El rey Carlo Alberto de Saboya, cada mañana preguntaba lo que se había dicho dentro de sus muros, porque era el círculo de los conservadores más influyentes como Prati, Collegno, Balbo, Lisio, Santarosa, para quienes la libertad era una lenta conquista civil y se necesitaba entrenar a la gente para no estropearla.
En este café nació el helado en cono, llamado "helado de paseo".

Te puede interesar