Erradicar la violencia

Editorial 08 de diciembre de 2018 Por
¿Qué tratamiento le damos al delito en nuestro país? ¿Qué hacemos con los violentos? Los que destruyen el espacio público, aquellos que delinquen con armas poniendo vidas en riesgo y en ocasiones llevándose puestas varias, ¿Y con los violadores y femicidas?
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De acuerdo a estadísticas oficiales, tuvimos avances en la reducción de estos delitos aberrantes, pero a todas luces nos damos cuenta de que estamos lejos del ideal que pretendemos alcanzar, y generalmente nos quedamos con la bronca de sentir que el sistema que imparte justicia, no sirve de mucho.
La desesperanza nos lleva a creer que es imposible todo cambio, aún sabiendo la mayoría de nosotros, qué hacer en determinados casos: acabar con la visión de garantismo irracional que protege más a los victimarios, y aplicar la ley ejemplarmente:
-A los violentos, reprimir.
-A los delincuentes armados, neutralizarlos a como dé lugar.
-Ya los violadores y femicidas, cárcel por siempre.
Y con los niños y jóvenes ¿Qué hacemos?
En el libro "Consumo de drogas, prácticas delictivas y vulnerabilidad social" se afirma que el inicio en la dependencia de las drogas y el alcohol ocurre entre los 12 y 15 años de edad, y que cuanto más pequeño es el niño en este comienzo, mayor será su relación con el universo del delito.
El 84% de los jóvenes encuestados confirmó que delinquieron para comprar drogas, y un tercio de ellos lo hizo antes de los 13 años.
La mayoría de estos chicos tuvo una infancia muy dura. Familias disfuncionales, de bajos recursos y entorno violento, presas fáciles de las bandas de narcotraficantes, ansiosos de reclutar soldaditos para integrarlos a sus
tareas criminales.
Estamos de acuerdo en perseguir fuertemente a quienes pretenden  venderles drogas a nuestros hijos y afectos cercanos, pero si no trabajamos al mismo tiempo con los jóvenes que ya la consumen o se encuentran prestos a hacerlo por distintas circunstancias, los resultados serán magros provocando dolor a propios y extraños. ¿Cómo encaramos este desafío? Contamos con experiencias que nos indican un camino a seguir.
Si tomamos en cuenta las estadísticas en cuanto a la edad de inicio en el delito, y a sabiendas de que la familia por sí sola no puede hacerle frente a este desafío, debemos pensar con absoluta seriedad y firmeza, en trabajar la recuperación de estos menores en centros especializados de detención.
-Establecer la imputabilidad de delitos a partir de los 12 años de edad -Repensar la quita de la patria potestad y custodia a una familia transitoria cuando fuera necesario.
Salida en libertad aprobada exclusivamente por junta médica interdisciplinaria que avale la recuperación del joven, aunque haya cumplido con el tiempo estipulado
de pena.
Cuanto más rápido comiencen el trabajo con el adolescente, mejor receptado será el tratamiento y progreso de reinserción social.
Sin duda tenemos por delante
una transformación enorme de
nuestros dispositivos penales juveniles.
De nada sirve privarlos
de su libertad sin resocializarlos.
Es fundamental además, fijar el
marco normativo necesario que
determine un régimen especial de
detención desde los 12 años hasta
la mayoría de edad, con una
posible escala progresiva en el
tratamiento que vaya de los 18 a
los 21 años de edad.
Protegerlos de no volver a su
viejo entorno vulnerable de las
bandas delictivas y las drogas,
resulta a mi modo de ver, un punto
obligatorio de partida en esta
primera etapa.
¿Será posible plantear ideas en
un año que está por finalizar, y
frente a un 2019 cargado de elecciones?
¿Se podrá tomar al delito
como un tema de estado, donde
todos los sectores políticos y
sociales aportemos nuestro conocimiento
para intentar resolverlo,
de una vez y para siempre?
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