Cuidar a los más vulnerables

Editorial 07 de diciembre de 2018 Por
Recientemente, un grupo de observadores constataron que el proyecto de combustibles fósiles en el yacimiento petrolífero Vaca Muerta provocó 3.368 "incidentes ambientales", incluyendo derrames de petróleo, en los últimos cuatro años.
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 No cabe duda de que muchos de estos incidentes fueron controlados responsablemente por trabajadores que hacen todo lo posible para realizar responsablemente sus tareas y proveer a sus familias.
Los efectos de estos proyectos van más allá que solo derrames e "incidentes ambientales", los combustibles fósiles como el petróleo y el gas natural están ligados al cambio climático, una grave crisis que nos amenaza a todos.
El cambio climático significa un riesgo para el aumento y la exacerbación de eventos climáticos extremos como las tormentas severas, las inundaciones y las sequías que suelen azotar a la Argentina, sumado al aumento del nivel del mar y la desertificación. Todos estos desastres producen un efecto dominó que amenaza a la familia humana, los ecosistemas y los sistemas productivos.
Hay quienes aún dudan, desconociendo o negando la evidencia. Sin embargo, los impactos de eventos climáticos extremos concretamente perjudican, ya sea de manera directa e indirecta, a la sociedad en su conjunto. Recordemos la sequía 2017-2018 que ha afectado fuertemente las exportaciones de productos del país con las consecuencias graves y evidentes en toda la estructura económica y social, a través de toda la trama del país. En efecto, la consiguiente crisis económica tiene un efecto cascada que se propaga a través de la sociedad y los sistemas productivos y las pymes, impactando de manera particular en los sectores más vulnerables y desprotegidos.
La urgencia no puede ser mayor. La comunidad científica publicó un nuevo reporte internacional el mes pasado, del Panel Intergubernamental de Cambio Climático de las Naciones Unidas, en el que alertan a la humanidad sobre la dramática gravedad de la crisis climática. Es necesario limitar el calentamiento a 1,5 ºC. Los plazos se acortan. Se requieren acciones y cambios culturales urgentes: solo disponemos de 15 años.
Todos estamos siendo afectados. Sin embargo, nuestros hermanos y hermanas más vulnerables generalmente habitan en viviendas marginales que pueden ser fácilmente arrasadas por una tormenta, y en muchos países basan su subsistencia en la agricultura, dependiendo totalmente de la meteorología, que es cada vez más impredecible. A su vez, no cuentan con las instalaciones y los sistemas sanitarios necesarios para protegerse del mosquito del dengue y del Zika, junto con otras enfermedades, los cuales se propagan más fácilmente gracias al cambio climático.
Ya no quedan ecosistemas naturales sin impactos causados por las actuales formas de producción y consumos de bienes y servicios. Inclusive la Antártida sufre impactos de la contaminación. Peor aún, recordemos que esta situación se da cuando entre el 40% y el 50% de la población mundial no acceden a los bienes y los servicios necesarios para una vida digna. Pero no podemos vivir sin los servicios que proveen los ecosistemas naturales: desde aire puro, agua potable, alimentos sanos, diversidad biológica, renovación de suelos, hasta calidad de vida, comunidades humanas integradas y ejercicio de los derechos de la democracia. Es hora de que entendamos que ecología y economía son dos caras de la misma moneda. Ecología es el conocimiento de la casa. Economía es la gestión de la casa, no existe una buena gestión sin conocimientos sólidos de todas las dimensiones de la naturaleza y de la sociedad.
Por tanto, incluso los beneficios económicos a corto plazo, como la sustitución de importaciones, de proyectos como el yacimiento Vaca Muerta, generan enormes pérdidas a futuro debido a que el calentamiento global genera grandes daños a la infraestructura de las naciones, ni hablar del gran sufrimiento y muertes que infringe a la población. Tampoco es menor el impacto y destrucción de los sistemas productivos. Es por esto que los analistas calculan que las pérdidas económicas relacionadas con el cambio climático llegan a cientos de miles de millones de dólares anuales, afectando de manera particular a las pymes. En tanto, la energía limpia genera empleo a casi 10 millones de personas y más de mil millones por año en todo el mundo, crea nuevas empresas de desarrollo y servicios, creciendo exponencialmente.
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