"Realismo y pragmatismo"

Enfoques 06 de diciembre de 2018 Por
Por George Chaya El mundo siguió con interés los trabajos del G20 celebrado en Buenos Aires.
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La cumbre es la reunión anual del poder más relevante de la comunidad internacional. Los participantes representan dos tercios de la población mundial y el 85 por ciento de su PIB. Los representantes de las mayores economías del mundo, algunos de los cuales son los más influyentes políticamente y cuentan con los ejércitos más sofisticados, se reunieron en el evento organizado por Argentina.
Los escenarios de pesimismo no estaban del todo ausentes. Muchos temían que la cumbre ni siquiera pudiera emitir una declaración de acuerdo final al cierre de sus reuniones. Mientras que otros especularon que la reunión de Buenos Aires iniciaría una guerra comercial entre Estados Unidos y China, se temía que esa guerra diera lugar a una crisis severa para el mundo, cuya intensidad superaría la que llevó al nacimiento del G20 hace diez años.
Las suposiciones pesimistas se demostraron erróneas. Las diferencias fueron claras sobre la mesa y las estrategias, el vocabulario y los enfoques involucrados, pero ninguna de las partes mostró un deseo de escalar y poner cargas adicionales negativas en la economía global. Un cierto grado de realismo caracterizó las discusiones. La convocatoria de la cumbre en Argentina alentó a cada parte a prestar atención a las preocupaciones de sus socios y a la necesidad de garantizar cierta armonía en sus pasos.
Un tema árabe atrajo la atención de periodistas y observadores, y fue la participación de Arabia Saudita a través de una delegación presidida por el príncipe heredero Mohammed bin Salman. Algunos sectores habían sugerido que el asesinato del periodista saudí Jamal Khashoggi llevaría al Reino a un grado de aislamiento internacional. Los mismos sectores habían explotado el asesinato, desde el primer momento para atacar al liderazgo saudí lanzando una guerra de información y rumores dirigidos a socavar el estatus y el papel de Arabia Saudita y su príncipe heredero durante los dos meses previos a la cumbre.
Sin embargo, mientras observaban el desarrollo de la cumbre, esos sectores seguramente se sintieron frustrados y decepcionados. El amistoso y cálido apretón de manos entre el presidente ruso Vladimir Putin y el príncipe Mohammed bin Salman fue un mensaje claro y robó toda la atención. La reunión coincidió con el anuncio por parte de los dos líderes de un importante acuerdo sobre la producción de petróleo. Putin se aseguró de elogiar a Arabia Saudita y al príncipe heredero por su papel en garantizar la implementación del acuerdo.
Otro mensaje de apoyo a Mohamed bin Salaman fue del presidente chino durante su reunión con el príncipe heredero. China destacó que la estabilidad de Arabia Saudita era la piedra angular de la prosperidad y el progreso en el Golfo, y China manifestó su apoyo firmemente a los planes de Riad sobre diversificación económica y reforma social.
Las extensas reuniones celebradas por el príncipe Mohammed revelaron que los países poderosos aprecian el papel confiable del Reino en la lucha contra el terrorismo y el extremismo, asegurando la estabilidad de la economía mundial y lanzando un proceso interno de reforma y modernización.
Muchas cosas han cambiado desde el nacimiento del G20 y hasta su reciente conferencia. La ascensión de Asia ha sido confirmada, China se ha convertido en la segunda economía más grande del mundo. Rusia ha fortalecido su presencia política y militar global, al mismo tiempo que no puede dar un gran salto en su economía. Además, las relaciones entre Estados Unidos y Rusia han pasado pruebas continuas desde que Donald Trump llegó a la Casa Blanca y Unión Europea está sufriendo un peligroso proceso de desintegración.
También hubo otras transformaciones, la crisis climática se ha vuelto más urgente y el mundo ya no puede darse el lujo de retrasar las soluciones en las próximas décadas. Las preocupaciones crecen sobre la ola masiva de desempleo que puede desatarse por el desarrollo tecnológico y la capacidad de robótica para asumir tareas más grandes y más amplias. Este problema tiene sus efectos probados tanto en la estabilidad como en la prosperidad. También se trató la preocupación perpetua acerca de la producción de alimentos, así como el tema de la cumbre en sí, "Construyendo un consenso para un desarrollo justo y sostenible".
La reunión entre Estados Unidos y China fue uno de los puntos destacados de las discusiones al margen de la cumbre. Trump describió su reunión con el presidente Xi Jinping como "positiva y fructífera" y dijo que abre campos ilimitados para China y Estados Unidos. La parte china estuvo dispuesta a flexibilizar la estrategia de "ganar-ganar", que venía mostrando en sus negociaciones hasta la cumbre.
En la práctica, las dos partes acordaron una tregua de tres meses en su guerra comercial que amenaza la economía mundial. Mientras Washington acordó congelar su decisión de aumentar los aranceles a los productos chinos, Beijing decidió comprar cantidades "indeterminadas, pero muy grandes" de productos estadounidenses. Esto significa que Trump ha brindado la oportunidad de llegar a un acuerdo que ponga fin a la guerra comercial y que China ha reconocido la existencia de un desequilibrio comercial que se puede corregir.
A nivel estadounidense-ruso, la cumbre parecia más difícil de los que fue. La última escalada entre Rusia y Ucrania no dejaba muchas opciones para Trump, a la luz de los resultados de las elecciones de mitad de período, y muchos en el Congreso estadounidense habían cuestionado la presencia de una injerencia rusa en las elecciones presidenciales de Estados Unidos. Trump había cancelado su reunión programada con Putin, pero los dos líderes sostuvieron conversaciones rápidas al margen de la cumbre. El hombre fuerte del Kremlin pareció entender las circunstancias del presidente de los Estados Unidos y declaró que el diálogo era necesario y que estaba abierto a reanudarlo cuando la parte estadounidense estuviera lista.
No se esperaba que la cumbre de Buenos Aires resolviera problemas polémicos entre los participantes. Pero se puede decir que los vientos de realismo dominaron las conversaciones, dando al mundo la oportunidad de respirar y dedicar tiempo a expandir la percepción común de la situación económica mundial y otorgó los medios para aliviar las tensiones políticas entre los estados miembros.
Desde la organización y la seguridad sobre la cumbre, La República Argentina ha superado la prueba ampliamente. Los resultados económicos y políticos muy posiblemente se verán en el futuro cercano. Los críticos y detractores internos y externos del país anfitrión se sintieron frustrados, y lo más esperanzador es que Argentina esta de retorno en el concierto mundial.

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