El sacrificio y la responsabilidad de hacer jugar a los más chicos

Futbol Infantil BEN HUR 20 de noviembre de 2018 Por
Es grato ver, y saber, que un año más tarde los valores y sentimientos que enaltecimos en aquel entonces se volvieron a manifestar.
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- foto: N.Gramaglia

Nicolás Domenella – En la edición del año pasado, como corolario del mismo, en la contratapa del suplemento diagramado y diseñado especialmente para la ocasión, compartíamos las sensaciones personales que nos dejó vivir, a la par de los protagonistas, 4 días de intensa actividad en el marco del Torneo de Fútbol Infantil de Ben Hur. Es grato ver, y saber, que un año más tarde los valores y sentimientos que enaltecimos en aquel entonces se volvieron a manifestar. Por supuesto que siempre hay cosas por mejorar, o revisar, pero lo importante es que se mantenga y sostenga todo eso que se hace bien. Es por ello que esa columna de opinión prácticamente no vale cambiarle nada.
"Nadie dice que organizar un torneo de fútbol infantil sea cosa sencilla. Mucho menos sin la intensión de base es trascender y sembrar la semilla de las ganas del retorno en aquellos visitantes que vienen a competir o ser meros espectadores del placer de sus hijos, hermanos, nietos o sobrinos. Este fin de semana culminó una nueva edición del Torneo Nacional de Fútbol Infantil en las instalaciones del Club Sportivo Ben Hur donde sin dudas, en cuanto a lo que posición respecta, no cabe otra cosa que señalar y resaltar que todo fue un rotundo éxito. Para muestra basta un botón, reza el viejo adagio que por longevo no pierde efectividad, si con cruzar un par de conceptos ocasionales con cualquiera de miles de chicos que estuvieron "correteando detrás de una pelota", o hablando con cualquier padre mientras se hace cola al aguardo de ese delicioso choripán que saciará la emoción de un paladar de turno, o intercambiando experiencias entre colegas y profesores, para darse cuenta que el semblante se repite una y otra vez. Todos se van contentos y satisfechos por el deber cumplido.
Seguramente el Torneo habrá dejado cosas por corregir, aspectos por pulir para que a partir del 2019 esta convocatoria sea aún mayor, pero hay algo que se notó en cada recorrido que uno hacía, y era el del esfuerzo de tantos colabores que dieron una mano en pos de dejar bien parado el escudo de la entidad.
Pero no solo los organizadores, creo humildemente, estuvieron a la altura de las circunstancias. También los participantes aportaron mucho de lo suyo, porque esto se trata de dar y recibir, más en un ambiente donde lo que se pregona a cada centímetro es "primero formamos personas y luego deportistas". Predicar con el ejemplo, teniendo chicos en edad de desarrollo en el medio, es el mejor ejemplo.
En resumen, uno puede evitar pensar que esas acciones ya casi ni se ven en el vertiginoso mundo real, pero también es cierto que lo chicos copian todo lo que ven. Todo lo que le enseñan. Lo malo algunas veces, pero fundamentalmente, y por suerte en la mayoría de los casos, lo bueno. Es tiempo donde padres discuten con los árbitros por una supuesta infracción o se enfadan con el entrenador porque "el nene casi no juega", estas clases de acciones permiten ilusionarnos que no todo está perdido. Esa clase de valores, actos muy sencillos que tal vez pasan desapercibidos, son los que enaltecen a cualquier torneo hablando del mundo deportivo. Y en esta edición del Torneo de Ben Hur se han cosechado a montones.
Este año nuevamente el análisis puertas hacia dentro seguramente arrojará grandes dividendos. Insisto, con pequeños detalles por corregir, pero que no opacan en absoluto tanto éxito cosechado, lo cual decididamente debe levantar la vara para seguir creciendo en futuras ediciones.

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